miércoles, 19 de marzo de 2014

En la biblioteca, segunda parte

Los días pasaron y Lisa no tuvo noticias del profesor. No lo veía por ninguna parte y, desde luego no podía preguntar por él en el campus o levantaría sospechas. No habían tenido tiempo de intercambiar teléfonos, aunque, claro, no es que creyera que el profesor fuera a enamorarse de ella o algo así. Seguramente hacía lo mismo con todas las bibliotecarias ingenuas que encontraba por allí.
- Tierra llamando a Lisa. - dijo Diego, golpeando con el lápiz sobre el mostrador.
- ¿Qué? - Lisa lo miró irritada.
Diego, un muchacho de cabellos enrulados y sonrisa de ángel, por lo general le sacaba más de una carcajada, pero aquella mañana lluviosa la sacaba de quicio. Era como si se hubiera puesto como meta importunarla a toda costa esa mañana. Primero, tomándose su café, luego no dejandole pensar.
- Te noto distante. ¿Algo te preocupa?
Si, pensó Lisa, me preocupa la posibilidad de estar volviéndome loca. Después de tantos días de silencio, realmente se preguntaba si no se había imaginado todo aquello de la biblioteca, aunque lo dudaba, por lo general sus ensoñaciones no eran tan de alto voltaje y era humano admitir que con solo pensar en el profesor la excitación resurgía en su interior, amenazando con explotar como un volcán.
- No, nada.- murmuró Lisa y antes que su compañero de trabajo pudiera preguntar otra cosa fue volando al carrito de las devoluciones, feliz de que estuviera repleto de libros.
Así, con la excusa de ubicarlos, se alejó de Diego y se perdió entre los altos estantes. Vio a través del ventanal de una de las esquinas de la biblioteca que la lluvia de esa mañana seguía cayendo sin pausa. Con un tiempo así, le hubiera gustado estar en otro lugar, en buena compañía. Quizás en los brazos de cierto profesor de Historia Romana...
Alguien la estiró del brazo y a Lisa se le cayeron los libros que tenía entonces en la mano, causando un estrépito que resonó por la biblioteca de una manera nada discreta. Lisa se sintió arrastrada a uno de los salones privados de lectura. Los brazos musculosos y el aroma de colonia varonil se le hicieron familiar al instante, y Lisa no necesitó mirarle el rostro para sonreír, sabiendo que sus ruegos habían sido escuchados. El profesor había vuelto. Desde luego, él no tardó en tomar posesión de sus labios y de todo su cuerpo, arrastrándola dentro de la habitación y cerrando con llave. Lisa no recordaba que esas puertas tuvieran llave... ¿O si?... Bueno, qué importaba aquello ahora que los labios del profesor parecían multiplicarse sobre ella, no sin antes arrojarla sobre uno de los escritorios desnudos.
- ¡Te extrañé, demonios! - al parecer el profesor tenía la costumbre de maldecir cuando estaba excitado.
Lisa murmuró algo parecido a "yo también", pero su voz fue inmediatamente ahogada por más besos.
   El profesor estaba impaciente, tanto que casi le destroza las bragas al quitárselas y no tardó ni medio segundo para poseerla, haciendo que Lisa gimiera de sorpresa. Una sorpresa que se convirtió pronto en lujuria y desenfreno total. Si él no le hubiera tapado la boca a tiempo, toda la universidad se hubiera enterado de lo que estaban haciendo. Ambos estaban tan excitados que llegaron al orgasmo casi de inmediato, y casi al mismo tiempo. Era como si un huracán los hubiera atrapado  a ambos en su remolino. El profesor estaba tan bien proporcionado, en todo sentido, que Lisa creyó que se iba a partir en dos...
- ¡Oh Dios! - gimió, aquello se estaba volviendo casi místico de tan intenso
Después, sudados y agitados, con la ropa hecha un remolino entre sus cuerpos, los cabellos despeinados, y la mesa que se había movido de lugar bajo sus sacudidas, el profesor se retiró lentamente de ella, sin dejar de abrazarla, y la hizo acostar, acomodándola sobre su musculoso cuerpo. Ambos se acomodaron en el suelo...
- La otra noche me dejaste tan excitado que no pude dormir, me sentía como un adolescente frustrado - dijo el profesor con la voz ronca - Te fuiste y no tenía como contactarte, no lo vuelvas a hacer. Me tienes que dar tu teléfono.
Lisa sonrió, aunque en el fondo era una romántica empedernida, y su idea de una relación no era precisamente encuentros sorpresa en la biblioteca con un profesor que estaba como un cañón, las palabras del profesor lograron halagarle. Pero claro, ¡qué loca!, aquello desde luego no era una relación....
- Estas muy callada de pronto. - dijo él, mirándola con el ceño fruncido. - ¿Te preocupa algo?
Ella iba a decir que no, pero en ese momento sonó su celular. Le costó un tiempo recordar donde lo había dejado, o donde había dejado su cabeza... Se sentía hasta mareada. Cuando atendió, la voz de su compañero de trabajo cayó sobre ella como un balde de agua fría.
- El jefe lleva media hora preguntando por tí, mujer ¿Dónde estás? - dijo impaciente - Pensé que habías ido a ubicar unos libros en los estantes, pero no pude encontrarte por ninguna parte.. Y por cierto, una de las puertas de las salas de estudio está cerrada con llave, ¿viste quien entró? No estoy encontrando la llave por ninguna parte
Lisa miró al profesor y este, que había escuchado la conversación, gracias a la voz estridente y sonora de Diego, se sonrojó. y puso cara de niño travieso que es pescado en sus fechorías. Lisa no podía creer que el profesor hubiera robado esa llave. ¿En qué momento? Cuando Diego finalmente le dejó hablar, le dijo que se había ido al baño y que iría enseguida al mostrador. Que dejara de hacer tanto escándalo
- ¡Pareces una gallina clueca!
- Y el director se pondrá como un gallo de pelea si no traes hasta aquí tu hermoso trasero en menos de un minuto. - advirtió él y colgó.
- Robe esa llave la noche que nos encontramos. - confesó el profesor - Tenía serias intenciones de volver a verte, y lo hubiera hecho antes si no fuera por un congreso al que tuve que asistir. Me vuelves loco.
Lisa no daba crédito a sus oídos. Mientras se vestían y se adecentaban todo lo posible, el profesor sacó del bolsillo de su saco una tarjeta.
- Este es mi número, quiero que me llames y así tendré registrado el tuyo
- Esta bien. - dijo ella, tomando la tarjeta lentamente
- Espera, mejor lo hago yo. - y sin preguntar, le arrebató el teléfono celular y marcó los números que aparecían en la tarjeta - Listo.
Antes de que Lisa pudiera decir algo, él la besó una vez más en forma apasionada pero más calmada.
- Esta noche vendré a buscarte a la hora de la salida.
- Pero...
El profesor le tapó los labios con un dedo.
- Shh, es una cita si te lo preguntas, si deseas puedo llevarte a tu casa para cambiarte el uniforme, pero dejame decirte que es un detalle que no me importa en absoluto, quiero verte esta noche y es una cita, te llevaré a cenar y no te dejaré dormir, estás advertida. Y no te preocupes por la llave, la pondré en su lugar cuando nadie me vea... En mi vida pasada fui ladrón... - añadió, guiñándole un ojo.
Con eso, el profesor desapareció, dejando a Lisa echa un remolino... ¿Tenía una cita?
Su celular volvió  a sonar.
- El director está hecho una furia, será mejor que aparezcas, mujer - dijo Diego y Lisa corrió al baño más próximo, para luego volar  hacia la recepción.... ¿Tenía una cita?

Si, puede que esta historia necesite continuar...


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