miércoles, 19 de marzo de 2014

La bibliotecaria y el profesor de historia (En la biblioteca Tercera parte, la cita/primera parte)

- ¿Estas segura que estas bien? - Diego, su compañero de trabajo la miró con preocupación - Estuviste rara todo el día. ¿No te estarás enfermando? ¿O el jefe te dijo algo muy malo cuando te llamó a su oficina?
¿El jefe? Lisa ni siquiera recordaba qué había dicho su jefe esa mañana después de despedirse del Profesor Simpson con otro beso apasionado digno de una película de Hollywood. Cuando pensaba en todo lo que habían hecho en la sala de estudios todo lo demás desaparecía de su mente y su cuerpo volvía a revivir esas sensaciones tan eróticas. Si el profesor era tan bueno dando clases como lo era haciendo gozar a una mujer, entonces Lisa deseaba anotarse en todos los cursos que daba.
- ¿Lisa? Te estoy hablando - insistió el joven.
Para fortuna en ese momento se escuchó el timbre de salida. El único sonido estridente permitido en ese oratorio del silencio y del saber. En otras circunstancias, Lisa se habría quedado a acomodar los libros que habían quedado fuera de lugar, tal como había hecho noches atrás, cuando el Profesor la sorprendió entre los estantes de la grandiosa biblioteca. Pero, aquella tarde, aprovechando que su jefe le llamara, y luego de escuchar uno de sus tantos habituales plagueos, había avisado que tenía que ir al médico ni bien terminara la hora de trabajo. Así que se despidió de Diego con un gesto de la mano y voló rumbo al baño donde lucho por arreglarse un poco. En eso su celular cobró vida. ¡Era el profesor!
- Te estoy esperando afuera, en el estacionamiento. - dijo cuando ella contestó la llamada -No tardes, estoy ansioso...
¡Por piedad! Aquello casi la deja sin aire. Respiró hondo y una vez más le dio una mirada al espejo, estudiando su reflejo con atención.
El profesor la esperaba apoyado contra su auto. Como siempre, las largas horas de trabajo parecían no afectarlo, fresco como una lechuguita y con aspecto de haberse escapado de una revista de modas. Sonrió al verla y cuando ella se acercó al auto, como buen caballero, le abrió la puerta del lado del acompañante y la ayudó a subir, no sin antes darle un beso en los labios. Un beso corto y discreto, pero que no pasó desapercibido por la gente que pasaba por allí en ese momento.
- Estas hermosa - le murmuró, y Lisa sonrió dándole las gracias en silencio porque se sentía como el patito feo en esos momentos.
Cruzaron la ciudad rumbo al oeste. El profesor hizo las preguntas de rutina, demostrando su interés en ella, en saber más sobre quién era Lisa Real. No había mucho que contar. Había estudiado Literatura en la universidad y luego un curso de bibliotecaria a distancia, llevaba trabajando tres meses en la biblioteca de la Universidad y aun vivía con sus padres. Tenía un gato llamado Profesor Emerson. El profesor sonrió ante el nombre.
- ¿Llamas así a tu gato por algún jugador de fútbol brasilero o quizás por el escritor Waldo Emerson.
La joven se sonrojó sin remedio.
- Lo llamo así por el personaje masculino de una novela que estoy leyendo. Es un profesor experto en Dante Aliguieri y la Divina Comedia... - Lisa no podía creer que estuviera explicando aquello.
- Interesante, me pregunto si ese profesor es bueno.- la curva de su sonrisa le dijo a Lisa que el profesor se daba buena idea de qué clase de lecturas la entretenían - Para ser sincero, lo conozco, mi hermana lee todos los libros de Sylvain Raynard y accidentalmente hojeé uno de ellos. Estaba tentado a esconder ese libro, mi hermana es una niña, no debería leer eso.- dijo frunciendo el ceño.
- ¿Cuantos años tiene tu hermana? - preguntó Lisa
- Veinte.
Lisa no pudo evitar una carcajada. En ese instante llegaron a su destino, una mansión transformada en un restaurante de lujo....

La cita volverá luego de este corte comercial... (jaja, es broma, pero volverá, necesita más espacio)



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