jueves, 20 de marzo de 2014

La bibliotecaria y el profesor de historia (En la biblioteca tercera parte/ La cita segunda parte)

La mansión que hacía las veces de restaurante estaba enclavada en una altura, así que cuando el mozo los guió a uno de los balcones privados, la vista de la ciudad dejó sin aliento a Lisa.  El profesor la ayudó a sentarse, ubicándose luego a su lado. El centro de mesa consistía en dos rosas rojas. Era la primera vez que Lisa iba a un lugar así, tan lujoso y de nuevo, se sintió un poco fuera de lugar. El profesor, que la miraba con atención, frunció el ceño.
- ¿No te gusta el lugar? - preguntó, con evidente preocupación - Si quieres podemos ir a otro sitio.
- No, el lugar es perfecto. -musitó la joven.
- ¿Entonces, cual es el problema?
Lisa se sonrojó. El profesor, sentado a escasos centímetros tenía la mirada fija en ella, pendiente de cada movimiento. Tenía unos ojos hermosos, azules y tan penetrantes que parecían desnudar su cuerpo y también sus pensamientos.
- Siento que no estoy vestida para la ocasión.- confesó Lisa.
El la miró de arriba a abajo sin ningún disimulo.
- Para mí estás perfecta, y por lo que pude apreciar, te verías genial aunque estuvieras desnuda.
- Ejem.- tosió el mozo que por cierto era un señor entrado en años, de rostro muy blanco, que tendía al sonrojo y que los esperaba con la carta en la mano - ¿Que desean ordenar el señor y la señorita?
Lisa sintió que se le subían los colores al rostro y Albert le guiñó un ojo, travieso. Hicieron sus pedidos, pastas: tortellini con verdura, jamón y pera para el profesor, ravioli de pollo con espinaca para ella.
- ¿Tomas vino? - le preguntó el profesor a Lisa
- Sí, aunque no mucho.
- Entonces pediré un chianti para mí y un vino blanco suave para la joven. No queremos que se maree.
Cuando se quedaron solos, el profesor volvió a posar sus ojos en ella. La joven se sintió un tanto acalorada, casi podía leer en los ojos del profesor, la pasión que habían compartido horas antes y la noche cuando se cruzaron en la biblioteca. Lisa no era una santa ni una chica que anduviera por ahí, acostándose con todos los hombres guapos que le miraban. Lo que había sucedido con el profesor era algo que no le había pasado nunca antes, era algo que no podía ni quería frenar, y al parecer, al profesor le estaba pasando igual.
- Tienes un atractivo casi animal - murmuró acercándose a ella para hablarle en el oído - no sé cómo lo haces pero el solo verte me perturba. Si pudiera te haría el amor a todas horas
- El vino, señor - el mozo volvió a carraspear.
Lisa no estaba segura si el mozo había escuchado al profesor. Esperaba que no. Por su parte, ella se sentía feliz y muy deseada. Ignoraba que pasaría después, bueno, no quería pensar en ello.
- Estas muy lejos.- dijo el profesor cuando volvieron a quedar solos - ¿En qué piensas?
- En que sé muy poco de tí.
- ¿Y qué te gustaría saber?
- Todo
- Todo es muy amplio, pero intentaremos llenar los espacios, sólo tienes que preguntar.
- En la universidad eres una celebridad, alguien comentó que eres extranjero pero no hablas como extranjero.
- No lo soy, simplemente estudie en Europa  muchos años.
- ¿Por qué tu nombre es Albert y no Alberto entonces?
- Por mi abuelo, era inglés. A mi madre no le parecía correcto traducir el nombre
- ¿Eres casado? ¿Divorciado? ¿Viudo?
- Ninguna de las tres cosas, soltero y sin compromiso, me gusta mi libertad.... Lo que no quita que me guste gozar de la vida - agregó con una mirada significativa al escote de la camisa de Lisa.
Lisa sonrió, no iba a negar que a ella también le gustaba, la atracción por el profesor era más fuerte que su voluntad. Hablaron de todo un poco, el tiempo parecía haberse detenido y, para ser sinceros, a ninguno de los dos le importaba en ese momento nada de lo que ocurriera afuera. Albert le contó a Lisa que era el mayor de dos hermanos y que su madre había enviudado hacía diez años, así que él era quien velaba por su hermana menor, asegurándose de que nada le falte. Su madre y su hermana vivían en la casa familiar, pero él tenía su propio departamento. Su padre y su abuelo se habían encargado de dejarles una buena fortuna.
- ¿Cómo se llama tu hermana?
- Gabriela
- Lindo nombre
- Y ella es muy bonita, estoy seguro de que las dos serían excelentes amigas
Cuando el mozo apareció con el menú de postres, Albert lo rechazó.
- Mejor tráigame la cuenta - dijo con decisión y luego se dio la vuelta para susurrar a Lisa - Tengo una idea mejor.
Albert no dijo nada mientras esperaban la cuenta, sonreía en silencio, como si estuviera tramando algo. Se despidieron del mozo que sonrió ampliamente ante la generosa fortuna que el profesor le había dejado y subieron al auto. Lisa esperó que le preguntara dónde quedaba su casa, pero él se encargó de sacarle de su error tan pronto como puso en marcha su antiguo Mercedes.
- Señorita Lisa Real, debo advertirle que usted está siendo secuestrada - dijo, mirándola de reojo y sonriendo misteriosamente....

Si, tranquilidad, continuará....



2 comentarios:

  1. Amo con el alma!!! me encanta esta histporia!!!

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    1. gracias por tu comentario amiga, me hace muy feliz saber que la leen y no solo que la leen y que les gusta, me inspiran!!

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