martes, 25 de marzo de 2014

La bibliotecaria y el profesor (En la biblioteca, quinta parte/ desayuno)

El sol se abría paso entre las blancas cortinas extendidas, su luz y su calor lo inundaba todo, obligando a Lisa  abrir los ojos... ¿Dónde estaba? El cuerpo le dolía como si hubiera corrido una maratón o nadado por horas. Pero no era un dolor desagradable, sino todo lo contrario, por otro lado, sentía como si estuviera flotando sobre algodón... De hecho, las suaves sábanas que cubrían su cuerpo eran deliciosamente sensuales ... ¡Estaba desnuda!... ¿Dónde estaba? El aroma a colonia varonil que impregnaba las sábanas le trajo gráficos recuerdos de la noche anterior... ¡El Profesor! ¡Oh, el profesor!... La había llevado a las estrellas en más de una ocasión.... Lisa se sintió mareada y contenta de sólo recordarlo, había sido demasiado intenso, increíble... ¿Pero dónde estaba ahora?... ¿Y dónde estaba su ropa?
Lisa no se sentía para nada cómoda andando como Dios le trajo al mundo en una casa extraña, pero cómo moría por ir al baño, decidió liarse con la sábana y buscar el dichoso lugar. Así lo hizo y se dió un rápido baño, para luego husmear en el amplio placard empotrado del profesor algo que pudiera ponerse hasta recuperar sus ropas. Una camisa que le quedaba cómo un minivestido y unos boxers fueron sus elegidos para bajar, su estomago crujía y el aroma que venía de la cocina le respondió a la pregunta de donde se encontraba Albert esa mañana a esas horas.
Y ahí estaba él, una camisa blanca y unos jeans gastados, descalzo. Cuando la sintió y giró para saludarla, los ojos de Lisa se posaron sin poder evitarlo, en la nervosa musculatura de su pecho expuesto. Lisa se mordió los labios, esa visión le recordó una vez más la noche anterior donde había tenido oportunidad de sentir la dureza de ese pecho y de toda su anatomía. El profesor era como una granada de mano, su cuerpo era una amenaza a la cordura.
- Y buen día para tí.- dijo él sonriendo, era evidente que el escrutinio de Lisa le dirvertía, él a su vez, bajó la mirada hacia el cuerpo de Lisa cubierto con su ropa - Veo que te pusiste mi camisa.
Con un gesto le indicó que se acercara, dejando lo que estaba haciendo sobre el fogón, se dedicó a pasar su mano por la fina tela de la camisa, produciendo un fuerte escalofrío a Lisa. La sonrisa del profesor se hizo aun más amplia cuando, al levantar la camisa se encontró con sus boxers, sus manos, acariciaron cada centímetro de la delgada tela y sus labios aprisionaron los de la joven con elocuente deseo. Se estaba poniendo de nuevo duro...
- No tenía idea de que mi ropa pudiera verse tan sexy, me dan ganas de tomarte sobre la mesa de la cocina y como puedes ver, ya esta todo dispuesto para el desayuno, tú definitivamente lo desequilibras todo.
Se besaron y el alarma de un horno microondas los interrumpió. Entonces el profesor la hizo sentar a la mesa y empezó a servirla como un experto.Sobre la mesa había bandejas con tostadas, mermelada, mantequilla, y el profesor sacó del horno una tarta de queso. Luego le sirvió unos panqueques recién preparados que cubrió con salsa de chocolate, para Lisa aquello parecía un almuerzo ejecutivo de lujo. No tenía idea por donde empezar.
- ¿No sé si el café te gusta así negro o eres de las que lo profanan con leche? - preguntó el profesor, sirviendo un humeante café.
Lisa sonrió
- Así está bien.- contestó.
Luego de asegurarse de que nada faltara en la mesa, el profesor ocupó su silla junto a Lisa y se acercó de forma que sus piernas se rozaban bajo la pequeña mesa de la cocina. La joven bibliotecaria pensó que se podría mal acostumbrar con tantas atenciones.
- Si te quedas pensativa, tu café se enfirará - dijo el profesor - anda, come.
Todo era delicioso
- Cocinar, pintar... ¿Hay algo que no sepas hacer?- preguntó Lisa sin poder evitar la curiosidad
El sonrió ampliamente
- Bueno, sé lavar mi ropa y plancharla, lustrar mis zapatos, pero eso no tiene nada de extraordinario cuando eres independiente. Viví mucho tiempo solo en Europa, así que tenía que aprender a valerme por mi mismo.
- ¿También aprendiste a pintar en Europa?
- Si, siempre me ha atraído el arte, en especial la pintura, así que aproveché y me apunté a un curso con un maestro italiano mientras hacía posgrados por Roma - una enorme mano masculina se posó sobre la mano de Lisa, haciendo pequeñas lineas con los dedos - Por cierto, me encantaría pintar tu hermoso cuerpo, eres como una diosa clásica y deberías estar inmortalizada en un lienzo, así, desnuda.
Lisa se sonrojó. El sonido lejano de un teléfono los interrumpió entonces y la joven reconoció el tono de llamado. Era su teléfono... Se levantó de la mesa del desayuno y fue a buscar su bolso, no sabía a ciencia cierta dónde lo había olvidado. Sus ropas estaban todas ordenadas sobre el gran sofá de cuero, seguramente, obra del profesor. Al lado estaba su bolso y ella encontró finalmente su teléfono cuando la llamada ya se había cortado. En la pantalla se marcaban cuatro llamadas perdidas, dos de su madre, una de su prima y otra de Diego, su compañero de trabajo, además de cuarenta mensajes sin leer... Se sintió un tanto culpable pues nunca se había esfumado así, sin avisar, seguramente su familia debía estar preocupada. Se apresuró a vestirse, alisando lo mejor posible las arrugas de su camisa y la pollera del uniforme. El corpiño era un caso perdido, necesitaba aguja e hilo para arreglarlo, pero no tenía tiempo, debía volver a su casa con urgencia.
- Yo te llevaré - anunció al profesor cuando Lisa le dijo que necesitaba irse a su casa.
Pronto estuvo ante la puerta de la casa de sus padres, y el profesor, antes de permitir que se bajara, la despidió con un largo beso que hizo que su cuerpo estallara por dentro de pasión. Necesitaría más de una ducha para recuperar la compostura y ya era suficientemente difícil llegar a su casa sin saber decir dónde había estado, el profesor sonreía, al parecer consciente de la conmoción que sus besos le causaban.
- Te buscaré. - anunció y se despidió de ella

(continuará.... no se preucupen)


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