jueves, 17 de abril de 2014

Ana y el profesor (La bibliotecaria y el profesor/ En la biblioteca Parte Dieciocho)

- Yo te mentí.- empezó diciendo el profesor - Dije que nunca me había casado y la verdad es que sí, pero mi historia con Ana era tan complicada que cuando me preguntaste sobre mi estado civil no supe contestarte. No me animé a decirte nada entonces, te estaba conociendo recién, así que te mentí.
Y así, el profesor comenzó a contar: Conocí a  Ana en el último año de la universidad, a través de amigos en común, en una fiesta. Lo nuestro fue una atracción incendiaria a primera vista. Ella era muy bonita y algo alocada y yo por entonces era bastante tímido, por eso cuando fue evidente que la atracción era mutua, nada nos detuvo hasta estar juntos. Nos involucramos rápidamente, pero yo conseguí una beca y fui a estudiar afuera, como te conté. Iba y venía, y a veces ella también iba a verme, ella decía que quería ser modelo y aunque nunca la vi estudiar ni trabajar, supuse que las fiestas a las que siempre asistía eran parte de ese sueño.
 Nos distanciamos un poco cuando necesité meterme de lleno en mis estudios. Pero cuando regresé, retomamos la relación y decidimos casarnos. Ella siempre fue explosiva y muy inquieta, y yo no me di cuenta sino hasta que nos casamos que tenía problemas de drogadicción y alcoholismo. Fue una verdadera sorpresa para mi verla con una copa de vodka a las diez de la mañana un día que salí del trabajo temprano, pero tuvieron que ocurrir cosas más graves para que pudiera afrontar que ella necesitaba ayuda.
Lo que ocurrió fue que ella me mentía, decía que iba a casas de sus amigas y en cambio, frecuentaba bares de dudosa reputación. En una de esas andanzas, la violaron otros borrachines que frecuentaban esos antros y ella quedó embarazada. Yo estaba perplejo y muy dolido, por su mentira y conmigo por no haberme dado cuenta que ella necesitaba ayuda. Por supuesto, no la iba a dejar tirada, más aun ella había sido victima de algo muy salvaje y necesitaba que la cuidara, ella y la criatura que era inocente.
Ricardo me ayudó y le buscamos una buena clínica de desintoxicación y yo llamé a sus padres para que me ayudaran, ellos vivían, es decir viven en la Argentina. Su madre vino a cuidarla por un tiempo, pero después Ana escapó del centro de rehabilitación. No volvimos a saber de ella sino tiempo después y nos enteramos que había decido abortar. El aborto empeoró su estado mental hasta el punto que tuvimos que volver a internarla, no ya en un centro de desintoxicación sino en el manicomio.
La vida de nosotros como pareja, como debes comprender se fue volviendo imposible, al punto que en ocasiones despertaba para encontrarla apuntándome con un cuchillo, solo para más tarde celarme por cualquier razón. El psiquiatra me recomendó separarme de ella y, aunque sigo a cargo de su tratamiento, finalmente nos divorciamos.
- ¿Te divorciaste de Ana porque el médico lo recomendó? - preguntó Lisa que seguía las palabras de Albert casi sin respirar.
- Sì, el psiquiatra dijo que yo tenía un efecto nocivo en ella y que lo mejor que podía hacer para ayudarla era alejarme. Por supuesto, aun pago su tratamiento.
- ¿Entonces, la sigues queriendo?
Albert la miró y tomó su mano, besando sus nudillos.
- Mi cariño hacia ella es más parecido al que sentiría por Gabriela. Al decir verdad, lo que siento por ella es pena, pero no puedo dejarla abandonada, sus padres la llevarán pronto a la Argentina con ellos, asi que al menos ya no habrá peligro de que escape aquí, pero me comprometí a seguir ayudando. Espero que no tengas problemas con eso.
- No, desde luego. ¿Por qué iba a molestarme? Además, lo que hagas con tu dinero no es algo de mi incumbencia.
- El tema es que sí lo es, o mejor dicho, lo será si aceptas casarte conmigo.
Lisa creyó que no había escuchado bien. Pero el profesor, sospechando sus pensamientos, la atrajo hasta él y sujetando suavemente su rostro lo más cerca posible preguntó con voz ronca:
- ¿Aceptas casarte conmigo?
Lisa se quedó muda y después, justo cuando Ricardo y la madre de Albert entraban de regreso a la habitación hizo lo que su corazón en ese momento le pedía a gritos, se soltó de las manos del profesor y salio corriendo desesperada y asustada, como si huyera del propio demonio. Albert, sorprendido, la vio huir y de no haber estado conectado a todos esos tubos la hubiera seguido..
- ¡Lisa! - exclamó, pero ella se había esfumado

(si, sigue)


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