martes, 15 de abril de 2014

Ángel de la guarda con traje y corbata (La bibliotecaria y el Profesor/ En la biblioteca parte Dieciseis)

- A ver, a ver, parece que te tengo que repetir la pregunta- insistió la fiscal.
- Mi cliente no va a abrir el pico hasta que yo no tenga una conversación muy seria con usted, pero antes solicito se me permita hablar a solas con ella. - quien así hablaba era un hombre trajeado y muy apuesto que ingresó a la pequeña sala de interrogatorio como Juan por su casa.
Era alto y delgado, de unos cuarenta y tantos, bien llevados. Sus ojos azules eran de hielo, su nariz recta  y sus labios finos, se curvaban en una atractiva sonrisa, formando un conjunto muy avasallador. Lisa no tenía idea de quién era, pero al parecer la abogada de la Fiscalía sí lo conocía y no estaba muy feliz de verlo.
- Ricardo Lluz - resopló la Fiscal.
- Antonia Mieres, - sonrió él, con el atractivo de un galán de cine, sentándose en una silla junto a Lisa, a quien le dedicó un movimiento de cabeza que parecía decir déjamelo a mi. - siempre tan bonita.
Lisa vió que la fiscal se sonrojaba y si su situación no hubiera sido tan precaria se hubiera reído. Se notaba que la fiscal se sentía incómoda ante el recién llegado. Al parecer la historia entre ambos sobrepasaba los límites de esa vieja y despintada comisaría pueblerina.
- ¿A qué se debe el honor de tener a un abogado penalista de primera línea entre los mortales de un pueblucho olvidado?
- Tú siempre tan graciosa, Tonita. ¿Me vas a dejar que hable con mi cliente?
La fiscal se puso colorada y Lisa deseó tener palomitas de maíz como en el cine para ver más cómoda  a los abogados contrincantes en acción.
- En primer lugar, querida Tonita, te pido que se le quite a mi cliente las esposas, ella no es ninguna asesina peligrosa, tu y yo sabemos que ella actuó en defensa propia.
¿Aquel adonis trajeado era su abogado? Lisa estaba confundida, no sabía de dónde había salido. A ella no le habían dado la oportunidad de decir donde estaba. La fiscal por toda respuesta hizo un gesto a la mujer policía que había seguido toda la escena parada en una esquina de la pequeña pieza, muda y quieta como estatua. La mujer del orden le quitó las esposas a Lisa y ella se masajeó las muñecas que ya tenían un leve color rojizo por el roce del frío metal. Se quedaron solos y por primera vez Ricardo se dirigió a ella.
- Albert me pidió que te ayudara. Por eso estoy aquí.
Ante la mención de Albert, Lisa se agitó. Quería saber dónde estaba y cómo estaba. Quería verlo. Adivinando su angustia, el abogado apoyó una mano firme sobre la suya.
- Albert está bien, lo de la puñalada fue un susto, perdió sangre pero su situación no es grave.
- ¿Cómo supo dónde encontrarme? Yo pensé que nadie sabía a dónde me habían traído.
- Cuando Albert despertó y recordó lo que había pasado, insistió en llamarme y me ordenó que moviera cielo y tierra para buscarte y darte toda la ayuda que necesites. Se dio cuenta enseguida que los policías te habían llevado. Y aquí estoy.
Lisa no sabía qué decir, estaba feliz porque Albert se había preocupado por ella.
- No tengo cómo pagar sus honorarios.
- No me trates de usted, no soy viejo, llámame Ricardo, y quédate tranquila, Albert es mi cliente y mi amigo de muchos años, para mí esto no es un trabajo, es simplemente ayudar a un amigo.
- ¿Y cómo está Ana? - preguntó Lisa casi con miedo de que le dijera que estaba muerta y que por eso la retenían en ese lugar.
El abogado le dedicó una amplia sonrisa de consuelo.
- Le tuvieron que hacer algunos puntos gracias a la botella que le rompiste en la cabeza, quizás te demande por eso, pero esta bien, dentro de su cuadro, claro.
- ¿Dentro de su cuadro? - repitió Lisa sin comprender.
- Ya veo que Albert no te habló de ella. Bueno, supongo que los detalles se lo tendrás que preguntar a él, simplemente debes comprender que Ana es una chica atormentada con una larga historia de alcoholismo y drogas y algo de locura.que cree que Albert es de su propiedad, pero no te preocupes por ella, su familia ya se ha encargado de llevarla de regreso a la institución psiquiátrica de dónde se escapó el viernes.
Lisa miraba al abogado con expresión atónita. ¿Acaso la mujer tenía serias intenciones de matarlos?... Lisa decidió que era hora de saber la verdad y preguntó entonces lo que le había dado vueltas desde que viera a la mujer con el enorme cuchillo en la mano.
- ¿Albert y ella, están casados?
Ricardo sonrió.
- Supongo que la fiscal te dijo eso, bueno, como el divorcio es nuevo no me sorprende que no este enterada, Antonia Mieres pierde más tiempo en la peluquería que haciendo su trabajo, así que no habrá actualizado su información acerca del estado civil de las personas involucradas en esta historia. Albert y Ana se separaron hace un año, y la sentencia de divorcio salió hace dos meses, pero dejaré que sea Albert quien te de los detalles, ahora hablaré con mi colega para que te deje ir a casa. También traje ropa por si quieras cambiarte esa ropa ensangrentada.
- Muchas gracias. - dijo Lisa, aliviada, al menos Albert no le había mentido respecto a su estado civil actual, aunque recordaba que le había dicho que nunca se había casado... pero de eso ya hablaría con él.
- No tienes nada que agradecer, para eso estoy aquí, para ayudarte en lo que necesites.
- Lo que quiero es ver a Albert.
- Si, lo supuse.- sonrió de nuevo el abogado - Deja que haga los papeleos necesarios aquí y te llevaré al hospital para que puedas verlo. Mientras tanto, ve a cambiarte. No creo que en esta comisaría no tengan un baño decente donde puedas arreglarte.
- Gracias. - dijo Lisa de nuevo y no pudo resistir la tentación de abrazar a ese ángel de la guarda trajeado que Albert había mandado en su rescate.
El abogado respondió a su abrazo con calidez, dándole una palmadita en la espalda, como si quisiera transmitirle tranquilidad, una tranquilidad que hacía unas horas Lisa creía que nunca iba a volver a sentir.
(y sigue)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Me gustaría saber tu opinión, gracias por darle vida a este blog dejando aqui tu comentario