martes, 1 de abril de 2014

Besos, caricias y... ¡toc, toc! (La bibliotecaria y el Profesor/ En la biblioteca/ Octava parte)

La pasión que los unía era tan intensa y voraz que era capaz de hacerles perder la noción del tiempo y lograba transportarlos a un universo paralelo dónde sólo ellos dos existían. No había pausas entre besos y caricias y las dos veces que llegaron al clímax se alegraron de que la música en el jardín estuviera  alta.
- Me vuelves loco como ninguna mujer lo había hecho antes - susurró en su oído el profesor cuando se calmaron, respirando aun algo agitado
Ella sonrió, sin saber qué decir, en ese momento no le importaba que el profesor solo la estuviera embaucando, se escuchaba muy bien y ella se sentía plena. Se volvieron a besar, más sosegadamente, pero sin que por ello el beso careciera de pasión y deseo. Con facilidad podrían haberse quedado así todo el día...
- ¡Toc, toc! - alguien golpeó la puerta
Al principio no le hicieron caso, siguieron besándose, pero quien fuera insistió y ellos se quedaron en silencio, mirándose, sin atreverse a respirar.
-  Albert, se que estás ahí - era una mujer de voz madura, ni más ni menos que la madre del profesor - Albert, son las tres de la tarde y sus amigos están buscando a tu amiguita, sé que está ahí contigo, los vi cuando subieron.
A Lisa se le cayó el alma al piso, estaba de todos los colores y no sabía qué hacer. ¿Correr a esconderse a algún baño? ¿Saltar por el balcón y romperse el cuello? El profesor por su  parte, aun con un brazo rodeando la cintura desnuda de Lisa, permanecía mudo y quieto como una estatua, posiblemente también en shock. Ciertamente era en vano tratar de huir puesto que la madre de Albert los había visto. ¿Les habría dicho a sus amigos? ¿Qué iba a pasar ahora en su trabajo? ¿Acaso podían despedirla por algo así?
- ¿Trajiste tu ropa? - preguntó Albert a Lisa susurrando.
- No, se quedó abajo, sólo tengo el traje de baño y la salida.
- Bueno, te tendré que prestar algo, el traje de baño está muy mojado como para que te lo pongas así, podrías enfermar
El golpe en la puerta volvió a empezar y la madre de Albert insistió en que su hijo abriera.
- Un momento.- dijo entonces él y se levantó de la cama de un salto, se puso la ropa y mientras lo hacía, fue a su armario y sacó de él unos shorts de gimnasia y una remera oscura - Ten, póntelos, después me los devuelves.
Lisa se apresuró a ponerse aquello, algo tímida ante los ojos del profesor que seguía sus movimientos sin pestañear siquiera. El roce de la tela dura del short con su piel desnuda y la falta del corpiño no hacía más que intensificar lo incómoda que se sentía. Se peinó como pudo y se preguntó qué hacer con su bañado y su salida de baño que estaban tirados en el suelo junto a la cama, él le indicó con un gesto que los dejara.
Una vez que los dos estuvieron lo suficientemente decentes, el profesor abrió la puerta y Lisa vio a la madre de Albert parada frente a esta, con el ceño fruncido y las manos a los costados de su cuerpo, enfadada seguramente.
- Albert...- empezó a decir la mujer que miraba de reojo a Lisa con cierto desdén.
- Madre, lo sentimos, no tuve oportunidad de presentarte a Lisa Real, mi novia - dijo el profesor, tomando posesivamente a la joven por la cintura.
Tanto Lisa como la madre del profesor miraron a este con abierta incredulidad. La madre posiblemente se preguntaba si su hijo habría perdido la cordura, Lisa por su parte, no estaba segura si el profesor decía aquello sólo para librarse de un momento incómodo. El silencio los invadió, todos estaban mudos y expectantes....

((Disculpen la brevedad de esta entrada, pero la historia seguirá... )





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