martes, 8 de abril de 2014

Fin de semana (La bibliotecaria y el profesor/En la biblioteca Onceaba parte)

Lisa no sabía que ropa llevar, el profesor no había soltado prenda de lo que tenía planeado hacer el fin de semana, así que empacó lo básico, incluido un vestido negro de corte clásico para la noche y una malla azul y blanca de escote pronunciado que jamás había usado, en caso de que el lugar a donde iban tuviera una piscina. Su malla negra seguía en poder de Albert...Sentía curiosidad de saber qué había hecho el profesor con ella. ¿La había mandado lavar y se la regresaría en algún momento, o acaso, la guardaría como un fetiche? No estaba segura si eso era bueno o malo.
A la hora de la salida, el profesor la aguardaba en el lugar de siempre, sonriente y muy atractivo con una camisa blanca y unos jeans gastados, muy ajenos a su usual traje y corbata de Armani (bueno, Lisa no sabía si era de Armani pero sí podía dar fe que le quedaba un espectáculo, para ser sincera, todo le quedaba como un espectáculo, y esa camisa blanca que parecía gritar "¡arráncame!" lo volvía algo prohibido para menores de 18 años). Lisa notó con cierto orgullo y algo de celos como todos los ojos de las mujeres que pasaban por allí se detenían bastante más tiempo del recomendable en el atlético cuerpo del profesor. Ella, por su parte, estaba como siempre, de uniforme.
- Ya estaba impaciente.- murmuró contra su frente el profesor al saludarla con un casto beso en ese lugar, haciendo que Lisa casi pierda el equilibrio consciente del fuego de su mirada.
- ¿A dónde vamos? - preguntó mientras se colocaba el cinturón y el profesor ponía el motor en marcha.
- A un lugar donde hay paz y tranquilidad.
Con una sonrisa enigmática, el profesor se metió en medio del pesado tráfico de la hora pico y encendió la radio dejando que el sonido sensual de un saxofón los envolviera como una caricia. El se veía relajado y feliz y Lisa, que se sentía intrigada, pensó que lo mejor era dejarse llevar también por ese fresco estado de ánimo.
- ¡Hey, preciosa, despierta! - el profesor la estaba sacudiendo suavemente, al parecer Lisa se había quedado dormida - Vamos, bella durmiente, ya llegamos.
Lisa miró a su alrededor y vio una enorme casa de paredes de piedra, rodeada de un hermoso jardín. Ella había pensado que irían a la casa dónde se había festejado el cumpleaños de la hermana de Albert, pero según parecía aquella era la casa de su familia y era fácil intuir que los planes del profesor no incluían a su hermana y su madre. Cuando Lisa le preguntó cuanto tiempo se había quedado dormida, el profesor la sorprendió diciendo que una hora... ¿Tan lejos estaban de la ciudad? ¿Dónde estaban? Ya habría tiempo para aclarar esos detalles. Se bajó del auto y tomó la mano del profesor dejándose guiar, mientras éste llevaba sus cosas adentro, los recibió un amplio salón lleno de ventanales y cuando Albert prendió las luces en la parte de atrás Lisa vislumbró una piscina y un jacuzzi.
- ¡Hermoso lugar! - comentó la joven bibliotecaria asombrada.
- Me alegra que te guste, es mi refugio. Aquí es dónde vengo cuando necesito huir un poco de la vida de profesor universitario. Ven, la cena nos espera.
Efectivamente, en la cocina, que parecía una iglesia de tan grande, había dispuesta una mesa para dos con velas y flores incluidas. El profesor corrió la silla para que ella se sentara y luego prendió las velas, después fue al horno y lo encendió.
- ¿Te sirvo un poco de vino? - dijo sacando de una enorme heladera una botella de vino que Lisa supuso debía salir carísima.
- Me puedo mal acostumbrar con tantas atenciones, - bromeó Lisa.
El profesor sonrió.
- Pues, es un placer mal acostumbrarte. - sus dedos rozaron el pelo de Lisa y el profesor se agachó para besarla suavemente en los labios.
El profesor sirvió después la cena que consistió en lomito a la pimienta con champiñones y papas asadas, acompañadas por una fresca ensalada verde. Luego de ocuparse de que nada le faltara, se sentó junto a ella y le tomó la mano, acariciando sus dedos. Lisa se sintió devorada por esos intensos ojos azules que parecían no perder detalle de ella.
- Te traje aquí porque como ya te dije, quiero pintarte. Quiero que poses desnuda para mí.
- ¿Es en serio? - Lisa se sentía algo turbada - Yo pensé que sólo lo decías.
- ¿Tengo cara de quien está bromeando? - la mirada del profesor ahora ardía, casi calcinándola - Tú no lo sabes pero he querido pintarte desde que te vi por primera vez en la biblioteca, hace tiempo. Llevo meses observándote desde que empezaste a trabajar en esa gris biblioteca a la que le das color con tus hermosas piernas y tus adorables pechos. Eres hermosa y tienes un atractivo sexual que sería un crimen no retratar en un lienzo...
Lisa sintió que el color le subía por el cuello.
- Sabes me siento realmente afortunado de haberte encontrado de casualidad a solas esa noche en la biblioteca, y creo que si no lo hubiera hecho, de todas formas hubiera buscado la forma de acercarme a tí.
- ¿Es verdad?
- Si, mujer. ¿Por qué te sorprendes tanto? ¿No sabes acaso que eres capaz de volver loco  a cualquier hombre de carne y hueso?
Lisa negó con la cabeza y como si intentara disiparle cualquier duda, el profesor tiró de ella y la acercó más a él para besar sus labios, no ya con dulzura o suavidad sino con toda la pasión que sentía por ella. Fue un beso hambriento, sediento, casi autoritario que dejó a Lisa más mareada que el vino que estaban tomando.
- Entonces- preguntó el profesor con voz ronca aun sin desprenderse de sus labios, provocándola   con su aliento seductor - ¿Aceptas?
Nunca antes había posado ella para nadie y menos aun desnuda, y si bien el profesor ya la había visto en cueros en más de una ocasión, le cohibía imaginarlo allí, parado frente a ella, estudiando cada detalle de su cuerpo para plasmarlo luego en el lienzo. Sinceramente, la idea también la excitaba, era algo tan erótico que de sólo pensarlo se le humedecían las bragas. El profesor no parpadeaba, estaba esperando que respondiera.
- Si - dijo ella luego de lo que a él se le antojó una eternidad y él la besó de nuevo, dándole así las gracias
- Entonces, dejemos el postre y subamos, estoy ansioso de comenzar - dijo el profesor con un brillo pícaro en los ojos.

(y la va a pintar.... continuará jajaja)


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