jueves, 3 de abril de 2014

Lisa (La Bibliotecaria y el Profesor/ En la biblioteca Novena Parte)

El rostro de la madre de Albert se relajó, incluso una sonrisa pícara se posó en sus labios. En ese momento Lisa pensó que era la mujer más adorable del planeta, pero se sentía tan expuesta que no podía evitar sonrojarse ante la mirada de la dueña de casa.
- Son mayores de edad y supongo que saben lo que hacen - dijo la mujer - Pero será mejor que bajen a la fiesta antes que a Gabriela se le antoje buscarles aquí. Nadie sabe dónde estan.
Lisa murmuró una disculpa y se precipitó escaleras abajo deseosa de encontrar sus cosas y cambiarse la ropa que Albert le había dado, pero no había alcanzado los tramos más bajos de esta cuando la gran mano del profesor la retuvo, sosteniéndola para que no cayera ni se fuera.
- Tranquila, - le dijo al oído - lejos de lo que puedas pensar, hablaba enserio, quiero que seas mia, mi novia, de nadie más.
Lisa miró a Albert por un segundo y sintió las llamas del deseo en su mirada, un deseo que la devoraba por dentro y a la vez la aturdía por completo, era demasiado intenso.
- ¿Y bien? - preguntó él expectante - ¿Qué dices?
En ese preciso momento, Diego y su novia aparecieron, siguiendo a Gabriela que miró a ambos con sorpresa.
- Lisa, ahí estabas - dijo Diego - Te buscamos por todas partes
- No sabía que conocías a mi hermano - dijo Gabriela, por su parte.
- Trabajamos todos en el mismo lugar, el profesor siempre va a la biblioteca - señaló Diego
Y Lisa murmuró una excusa para salir rumbo al jardín donde había dejado sus cosas, fue a cambiarse de ropa lo más rápido posible, se despidió de la gente y se refugió en el auto de la novia de Diego, sin atreverse a mirar a Albert quien seguía sus movimientos en silencio y quien luego fuera abordado por sus amigos, alejándose de la comitiva de despedida. Durante el trayecto de regreso fingió dormir para que a Diego no se le antojara preguntar alguna indiscreción y después, ya en su casa, se dio un largo baño y se acostó a dormir, apagando su celular para que nadie la molestara.
- Lisa, despierta - dijo su madre horas más tarde - alguien pregunta por tí
La confusión de la joven era mayúscula. Por la oscuridad de su cuarto se dio cuenta que era de noche. Su madre, sacudiéndola para que no volviera a dormir, le dijo que se diera prisa.
- ¿Quien es? - preguntó Lisa, prendiendo la luz del velador y arrepintiéndose de haberlo hecho puesto que la luz era muy brillante
- No me dijo su nombre, pero insistió en que debía verte, es un hombre guapo...¿Hija, en qué estas metida?
Lisa no necesitaba más descripciones para saber que quien la esperaba abajo en la sala era ni más ni menos que el profesor Simpson. Se levantó de la cama de un salto y se miró al espejo, su madre repitió lo que había preguntado pero Lisa no la escuchaba, estaba concentrada en adecentarse, arreglar sus cabellos, cambiarse la horrible camiseta que tenía puesta. Cuando finalmente estuvo lista para bajar, su estómago era un nido de mariposas y sus piernas gelatina. Su madre por su parte, había decidido que era mejor hacer compañía  a la visita antes que esperar alguna respuesta de su hija, ya tendría tiempo de volver a bombardearla y saber qué demonios pasaba. Y ella los encontró a ambos hablando relajadamente. Una conversación que se vio abruptamente interrumpida cuando ambos la vieron entrar a la sala. El profesor se puso de pie.
- Lisa, estuve toda la tarde intentando hablar contigo
- Mejor los dejo solos para que conversen tranquilos - dijo su madre arqueando una ceja en dirección al profesor.
Lisa miró al profesor, sus ojos ardiendo sobre ella. Los minutos pasaron y ambos se miraron en silencio, él de pie frente al sillón de la sala, ella aun paralizada en la entrada.
- ¿Y bien? - dijo él - Aun estoy esperando que me respondas si aceptas ser mi novia  o no.
- Si - murmuró Lisa y al instante el profesor cubrió la distancia que los separaba y la rodeó entre sus brazos.
- No pensaba aceptar un no por respuesta, y si lo hubieras hecho, si te hubieras negado, hubiera encontrado la forma de hacerte cambiar de idea - ya se estaban besando.
Un beso lleno de deseo, de pasión y de tantas cosas que Lisa no pudo catalogar, en serio, no podía pensar, se sentía feliz, mareada de felicidad....

(¿Continuara?.... qué opinan ustedes....)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Me gustaría saber tu opinión, gracias por darle vida a este blog dejando aqui tu comentario