viernes, 27 de junio de 2014

¿Mr Darcy, eres tú? (un cuento)

Y mientras se cocina en el horno una "Deliciosa Confusión", pasé por aquí con ganas de dejarles un cuentito donde el protagonista es ni más ni menos que Mr Darcy.... ¿Qué pasaría si por accidente aterrizara en este tiempo en la casa de Julieta?


¿Mr Darcy, eres tú?
(Primera parte, según Mr Darcy)
    Mr Darcy se pasea entre la multitud, no sabe por qué dejó que su amigo el señor Bingley lo arrastrara hasta esa fiesta llena de gente tan común y superficial. Las fiestas le daban dolor de cabeza, el parloteo incesante de las viejas que acudían a esas reuniones le daban mal de estomago y para colmo, había escuchado a la bella Elizabeth Bennet decir que él tenía "cara de haberse tragado un zapallo entero sin cortar" (atrevida y sin modales) ... No, mejor era tomarse  un poco de aire, o mataría a todos, incluido su jovial amigo... Debia reconocer que la joven  Miss Bennet era muy hermosa, aunque un poco simple y con conexiones nada recomendables, pero además, esa tendencia a hablar y reírse sin cuidado de los modales, le estaban exasperando. No le vendría mal que alguien - quizás él - la sentara en su regazo para darle unos azotes.
Buscando un poco de paz fue a la planta alta de la enorme mansión donde se celebraba la fiesta y abrió la primera puerta que encontró en su camino, en un estrecho pasillo. De pronto todo se oscureció... ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso la gran casa había explotado en mil pedazos?.. Algo atontado, buscó de nuevo el picaporte para salir de la habitación donde se había metido... Asomó la cabeza y le sorprendió la sensación de que la enorme mansión estaba vacía. Ya no escuchaba a la orquesta tocar. Pero un momento, además, la casa se veía muy distinta. ¿Qué le había ocurrido a las paredes? El hermoso tapiz de color marfil había sido cambiado por un amarillo oscuro bastante ofensivo. Un extraño cuadro lleno de manchas atrajo por unos instantes su vista, pero no resistió mirarlo más de lo necesario. ¿Quién podría gustar de algo así? Caminó unos pasos y en el lugar dónde se suponía estaba la escalera se tropezó con un estante repleto de libros, giró entonces sobre sus talones y caminó por el lugar hasta encontrar una puerta abierta de par en par. La voz de un hombre llamó su atención. Quizás él podría decirle dónde estaba todo el mundo.Su sorpresa fue en aumento a medida que cruzaba hacia la otra habitación, esperaba ver un montón de gente, en cambio se encontró con un salón medio vacío, en lugar de las sillas de respaldo alto, vio que el centro  estaba ocupado por un largo mueble lleno de cojines y frente ese un cuadro que casi lo horroriza. El no creía en fantasmas, pero el hombre que estaba pintado dentro del cuadro, vestido de la manera más rara posible, definitivamente se movía, de hecho se dio cuenta que la voz que había escuchado era la suya... ¿Que demonios estaba pasando?
- Disculpe, caballero, - le dijo al espíritu, ya que al parecer era el único ser "vivo" en ese extraño sitio y su única esperanza de ayuda - ¿Podría decirme donde está todo el mundo?
No había terminado de decir esa frase cuando tropezó con la mesa más enana que había visto en su vida y sus oídos fueron asaltados por un grito que casi le hace saltar dentro de su propia piel.
-¿Quien es usted? ¿Qué hace aquí?
Una joven con el cabello suelto y semidesnuda se levantó de pronto del mueble con almohadones. Lo apuntaba con lo que parecía un zapato. Cuando miró hacia dónde se encontraba el espíritu, se sorprendió de que ya no estuviera allí, en cambio, el cuadro que parecía de vidrio había quedado completamente gris y plano. Muy raro.
- Señorita, por favor déje de gritar y póngase algo de ropa ¿Puede decirme si ha visto al señor Bingley  en alguna parte?
- ¿Qué? - dijo ella, sus ojos azules estaban abiertos como platos
Tapándose los ojos, Darcy repitió su pregunta. Sentía que en cambio, ella lo miraba sin ningún disimulo y con la boca abierta de asombro.
- ¿Quien es usted? - balbuceó ella, aun lo apuntaba con ese extraño zapato rojo.
- Mi nombre es Fitzwilliam Darcy y estoy buscando a mi amigo el señor Charles Bingley con quien he venido a esta fiesta.
- Aquí no hay ninguna fiesta - dijo ella, con el ceño fruncido - ¿Acaso se perdió de una fiesta de disfraces? ¿Tomó demás, verdad?
La joven definitivamente no tenía modales ¿Preguntarle así sin más si había tomado demás? ¿Y es que no pensaba cubrirse? ¿Y qué era eso de la fiesta de disfraces? La chica no dejaba de mirarlo, dejó a un lado su arma de ocasión y se acercó a él estirando las manos. ¿Iba a tocarlo?
- Bonito disfraz, debió costarle muy caro, realmente se parece a Mr. Darcy.- sus finos dedos tocaron la tela de su levita
- ¿Qué hace? - él retrocedió - ¿Qué cosa dice señorita? Yo soy Mr Darcy.
Ella lanzó una sonora carcajada. Sus largas piernas desnudas lo distraían, tenía puesto unos pantalones de hombre demasiado cortos para ser propiamente pantalones, ¿o eran calzones? Y una larga tela rosada suelta que le cubría un poco más de las caderas donde se leía "Jesse's girl 3,2,1,0 baby"... Ignoraba por completo quien era ese caballero pero le parecía de mal gusto ir por la vida colgando un letrero del pecho de una dama...Si, lindos pechos... ¿Qué demonios le pasaba, no acostumbraba a tener tantos pensamientos impuros con solo mirar a una dama? Debía ser su extraña ropa o que estaba casi sin ropa, o que todo aquello lo estaba mareando, por no decir asustando.
- Si usted es Mr Darcy yo soy Madonna - dijo ella aun sin creerle - ¿Cómo entró a mi casa?
- Mucho gusto, señorita Madonna, ¿esta es tu casa? ¿Y dónde está la gente que estaba en la fiesta?
- Ya le dije que aquí no hay ninguna fiesta - dijo ella lo miraba como si fuera a devorarlo o como si no quisiera pasarse por alto ningún detalle - Y mi nombre es Julieta, no Madonna, Madonna es una cantante de pop.
- ¿Cantante de pop? - repitió él con el ceño fruncido, además de bonita y sin modales, la extraña mujer estaba hablando en un idioma que él desconocía.
- No importa. ¿Me puede decir cómo vino?
- Entré por esa puerta - dijo él señalando el lugar de donde había salido hacía unos minutos.
- ¿De mi dormitorio? - ella no dejaba de mirarlo y él se sentía cada vez más incomodo
El silencio los envolvió a los dos. La joven retrocedió hacia su habitación, sin sacar los ojos de él. Mr Darcy no sabía que hacer, se sentía como un tonto parado allí en el medio de la habitación, pensó seguirla hacia lo que ella llamaba dormitorio, pero era de muy mala educación que un hombre entrara sin invitación en los aposentos privados de una dama. Ella cerró la puerta detrás de si, ¿le había puesto la llave? Escuchó que hablaba con alguien casi a los gritos....¿Policía?
Pasaron los minutos y ella no volvía...

((continuará)))





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