domingo, 29 de junio de 2014

¿Mr Darcy, eres tú? (última parte)

Dejó la novela de Jane Austen sobre la mesita y suspiró. Mr Darcy pasea su mirada al rededor de mi cuarto con el ceño fruncido y yo no puedo dejar de mirarlo. Quisiera pellizcarme para saber si estoy soñando o cerrar los ojos a ver si se desvanece. Lo hago, cierro los ojos, pero al volverlos a abrir, ahí sigue él, con cara de pocos amigos
- Señorita, deje de mirarme de esa manera, me distrae - dijo Mr Darcy.- Y póngase algo de ropa, por favor
¡Wow! mi mirada lo distraía, eso sí que era interesante.En cuanto a su comentario acerca de mi ropa, lo ignoré sin más.
- Debo volver -dice y sé que tiene razón, no pertenece a este mundo.
Se me ocurre que quizás en Google encuentre alguna respuesta, así que me levanto y voy a mi escritorio donde enciendo la computadora. Detrás de mí, él se pone también de pie como si un resorte lo hubiera catapultado.
- ¿Eso que és? - pregunta señalando mi computadora - ¿Una especie de oráculo? ¿Por qué no me dijo que se dedicaba a la magia? Aunque debo ser sincero y advertirle que yo no creo en esas supercherías, - me amenaza con un dedo.
Puse los ojos en blanco y dije que sí, que era un oráculo y que quizás allí encuentre la respuesta a nuestro "pequeño problema". Era más fácil seguirle la corriente que explicarle que lo que estaba manipulando era un avance de la tecnología muy posterior al mundo del cual él venía, o, para ser más precisos al mundo de su creadora, Jane Austen. Mientras esperaba a que la computadora hiciera todos sus pasos  de rutina antes de usarla, lo miré.. ¿En serio era él? ¿Mr Darcy estaba en mi habitación y era de carne y hueso?
Tipee  unas cuantas palabras en el buscador y me saltaron varias entradas de "Inkheart", una novela infantil que había leído hacía bastante tiempo. En ella algunos protagonistas también habían pasado por el trauma de salir de sus historias y según decía, la forma de hacerlos volver a sus historias era leyéndolos en voz alta, aunque no todos tenían el don de lograr esa hazaña. Me pregunté si yo lo tendría. Convengamos que cuando Mr Darcy salió de su libro, nadie lo estaba leyendo... Por otra parte, los personajes sufrían siempre algún tipo de defecto ya sea físico o de otra especie cuando se transportaban fuera de su historia y, según había podido comprobar, Mr Darcy era perfecto...
- Señorita, no se distraiga - me recriminó cuando levanté la mirada hacia su elevada estatura erguida tan cerca de mí.- Y dese prisa, no sea que el señor Bingley ya no se encuentre cuando vuelva a la fiesta, no quisiera tener que alquilar un carruaje, de seguro ya no quedan los buenos a esta altura.
- Aquí encontré algo - anuncié - tengo que leer el libro en voz alta
Agarré el libro del lugar donde él lo había depositado, me senté en la cama  y empecé a hojear, buscando las primeras líneas que hacían referencia a Mr Darcy. El por su parte, se paseaba inquieto dentro del reducido espacio de mi cuarto. Sus botas hacían bastante ruido  sobre el piso de madera.Leí unas líneas y nada, el hombre no se esfumaba nunca.
- Si no se queda quieto, no voy a poder concentrarme - le reprendí, aturdida.
El se detuvo y se sentó a mi lado, causando que los resortes del colchón chillaran. Seguí leyendo, una, dos, tres páginas más, lo cierto es que nada pasaba.
- Su voz es hermosa - dijo él - como el canto de un ave mañanera, pero por favor, mejor cállese.
Me quitó el libro de las manos y lo volvió a bajar sobre la mesita de luz, y sin aviso, me acercó a él y empezó a besarme en los labios casi con ansiedad. ¿Qué le pasaba ahora? Sus manos alargadas y masculinas empezaron a recorrer mi cuerpo de manera peligrosa. La cosa se estaba poniendo cada vez más loca, pero yo no pensaba decirle que se detuviera, en realidad, no pensaba.
- Ese Jesse es un afortunado - pronunció entre besos.
- ¿Quién?
- Su prometido - dijo y me señaló la remera - aunque debo decir que es de mal gusto obligar a su dama a usar una bolsa pintada con su nombre.
No pude evitarlo, me tuve que reír.
- Jesse Ward no es mi prometido, ojalá lo fuera - dije entre risas - es otro personaje literario
- Ya veo, usted debe tener algún poder mágico para atraer así a los personajes literarios...
Antes de desmayarme de la risa, lo obligué a callarse con otro beso. Él besaba muy bien por cierto. Desaté su corbatín y lo escuché suspirar, su boca rodó por mi cuello y todo dio vueltas, cerré los ojos. No tengo idea de cuanto tiempo pasó, o si me quedé dormida, pero cuando los volví a abrir estaba sola. Mi cuarto estaba en silencio y muy frío, afuera el sol empezaba a asomar y la novela de Jane Austen descansaba inocentemente sobre mi mesita de luz intacta y sin ningún agujero. Quizás realmente había soñado con Mr Darcy, no había otra explicación racional a toda esa rara confusión... Me puse de pie y algo cayó de mi cama, lo levanté del suelo, un pedazo de tela de seda... ¡Un corbatín!....

(mientras tanto en muy lejos de Pemberley, en una campiña inglesa....)
Mr Darcy miraba a su alrededor algo atontado. Todo parecía indicar que se había desmayado y cuando recuperó el sentido, la habitación en la que se encontraba era sin lugar a dudas la misma en dónde se había refugiado del excesivo ruido de la fiesta. Salió de ella y bajó las escaleras, la orquesta seguía tocando, las voces y risas se mezclaban en su cacofonía habitual y todos parecían muy alegres, algunos más que otros. Nadie parecía haberse dado cuenta de su ausencia. ¿Cuanto tiempo había estado desmayado y quien era la joven de ojos azules y piernas muy largas que se había colado en sus sueños? Un sueño demasiado raro, si parecía de otro mundo.
- Ahí estabas amigo - lo interceptó Mr Bingley - es hora de partir, mis hermanas se han cansado de la fiesta y quieren ir a casa. ¿Nos acompañas?
- Desde luego
- ¿Amigo, estás bien? - Mr Bingley puso cara de preocupación - Estás muy pálido.
- Estoy bien, debe ser porque hay mucha gente aquí metida - dijo Mr Darcy, intentando sonreír, aunque su sonrisa parecía una mueca de dolor y no una sonrisa
- ¿Y tu corbatín? - Mr Bingley señaló el cuello de la camisa de su amigo
Mr Darcy se llevó la mano al cuello. ¡Qué extraño, no recordaba habérselo quitado! Pero en cambio, recordaba unas manos femeninas tan suaves que parecían revolotear como mariposa sobre su cuello. Apretó los dientes y le dijo a su amigo que lo mejor era irse de ese lugar cuanto antes, no sea que la bruja volviera a atraparlo. Esto último desde luego no lo dijo en voz alta, sólo lo pensó para sí. Y mientras iba a la puerta de salida, chocó de manera abrupta con un vaporoso vestido verde malva Levantó la mirada y a su encuentro acudieron unos ojos negros muy bonitos. La hermosa señorita Elizabeth Bennet lo miraba tan sorprendida como él. Hizo una reverencia y ella contestó igual. Se despidieron con un breve, hasta luego y pronto se vieron arrastrados y separados por la gente que los rodeaba...
Mr Darcy sopesó la posibilidad de que la bruja del cuarto de arriba hubiera tomado la forma de la señorita Bennet solo para atormentarlo y hacerle caer de nuevo en sus redes. En fin, suspiró y siguió a la comitiva con la que había llegado a la fiesta, estaba cansado y deseaba dormir, sospechaba que ya tendría ocasión de preocuparse por la hija del señor Bennet.

- FIN-



viernes, 27 de junio de 2014

¿Mr Darcy, eres tú? (un cuento, continuación)

(Según Julieta)

¿Mr Darcy está parado en mi sala? Hace sólo unos minutos me encontraba tranquilamente mirando el noticiero, cuando este hombre, vestido como si se hubiera escapado de una novela de Jane Austen irrumpió en mi sala afirmando ser el mismísimo Mr Darcy. Casi muero del susto. ¿Acaso me había quedado dormida o empezaba a tener alucinaciones con el libro que estaba leyendo? No había probado ni una gota de alcohol esa noche, por lo que no podía echarle la culpa a la bebida.... Alto y buen mozo, con la confusión dibujada en su ceño fruncido y hablando en un perfecto inglés demasiado inglés, por mucho que le insistiera que dejara de tomarme el pelo, el hombre seguía afirmando ser Mr Darcy y quería que le ayudara a encontrar  a su amigo, el señor Bingley.
Supuse que debía tener algún tornillo suelto y preferí encerrarme en mi habitación, del mismo lugar de donde presuntamente había salido.... Sobre el suelo, al lado de mi cama, encontré mi ejemplar de "Orgullo y Prejuicio", salía humo de él y tenía un enorme agujero negro en el centro... ¿Qué demonios?... Pensé que lo mejor que podía hacer era llamar a la policía y lo hice, asegurando que corría peligro y que se dieran prisa, pero ellos se excusaron diciendo que su única patrulla estaba ocupada en otro lugar. Al parecer había ocurrido un asalto en una heladería (¡Hacía calor, quizás los ladrones estaban robando helados!) ... En fin, estaba sola con un lunático... La puerta se sacudió, yo dí un respingo.
- Señorita, por favor, dígame dónde estoy. - dijo él, golpeando la puerta.
- ¡En mi sala, imbécil! - le grité y no pude evitar reírme.
- Por favor ábrame la puerta, no quiero hacerle daño, pero por favor, aproveche y vístase.
Miré mi reflejo en el espejo, ¿por qué quería que me vistiera si estaba vestida? Mis shorts de jeans eran cortos pero mi remera de Jesse Ward era bien larga, no estaba desnuda. Respiré hondo y abrí la puerta. El estaba parado frente a mi, con el ceño fruncido.
- Sigue usted desnuda - dijo él recorriendo mis piernas con la mirada por un segundo, luego levantó la mirada al techo, algo avergonzado  - Necesito que me diga dónde se ha ido todo el mundo, hace sólo unos minutos esta casa estaba llena de gente, había una orquesta tocando y algunas personas bailando.
- No, está equivocado, aquí no hubo ninguna fiesta - lo miré preocupada, quizás se había golpeado la cabeza, su mirada extraviada casi confirmaba mis sospechas.
Y de pronto, sin saber cómo, Mr Darcy o como quiera que se llame cruzó de dos zancadas el umbral y se metió a mi habitación, llevándome con él. Caí sobre mi cama con Mr Darcy sobre mi cuerpo. Su boca de pronto estaba sobre la mía aprisionándola. ¿Acaso estaba teniendo un sueño erótico con Mr Darcy?... Aunque su boca experta y el resto de su cuerpo se sentían bastante reales como para ser un sueño.... (¡Y ohhh, Mr Darcy era un hombre en toda la extensión de la palabra!) Dos expertas manos se pasearon por mis piernas, subiendo peligrosamente por mis muslos, me estaba quedando sin aire.
- ¡Esto no está bien! - dijo repentinamente, levantándose tan rápidamente como se había abalanzado sobre mi
-¿Qué? - casi grito y casi me caigo de mi propia cama.
El se acomodó la ropa lo mejor que pudo y pasó sus manos con nerviosismo sobre su cabello oscuro y lacio.
- Lo siento, no sé que me pasó - dijo, sin poder mirarme a los ojos. - Por favor, le ruego me perdone mi atrevimiento.
Yo lo miraba atontada, sin poder ponerme en pie, con la respiración agitada. ¿Acaso era una broma? Hacía un segundo estaba besándome, amenazando con dejarme realmente sin ropa y ahora se disculpaba. Alucinación o no, el hombre no tenía sentido de la oportunidad. Respiré hondo tratando de recuperar la compostura yo también. Me senté y levanté del piso mi libro de "Orgullo y Prejuicio".
- ¿Que es eso? - dijo él, mirando mis manos
Se lo mostré y estudié atentamente su reacción.
- Es el libro que estoy leyendo y se supone que usted está en este libro. Aunque el agujero no estaba ahí antes y tampoco salía humo del libro.
En silencio, hojeó las páginas y leyó unas líneas, después más y sus dedos siguieron dando vuelta las páginas casi con furia. Me miró y miró el libro que tenía en la mano, estaba pálido y lo ayudé a sentarse, temiendo que fuera a desmayarse. Pensé en ir a buscar un poco de agua pero temía que si lo dejaba solo hiciera algún tipo de locura. Era evidente que el libro lo estaba afectando en serio, me sentí un poco bruja por habérselo mostrado.
- ¿De dónde consiguió usted esto? - me dijo, apremiante
- De una librería, es un clásico de la Literatura Inglesa, este libro hay en cualquier librería, yo lo tengo en inglés pero se ha traducido en miles de idiomas.
El hombre que afirmaba ser Mr Darcy me miraba como si me hubiera salido otra cabeza. No debía ser nada fácil enterarse que no existías más que en una historia escrita hace ya mucho tiempo.. Claro, eso si creíamos en su loca afirmación de que él era efectivamente Mr. Darcy.. ¿Y si fuera cierto? Yo lo estudiaba en silencio mientras él volvía a hojear el libro. Sus postura tan recta al sentarse, incluso ahora que parecía devastado, sus gestos, nada parecía actuado sino real. Por un momento, aunque fuera una locura, le creí. Aquel hombre sentado en mi cama era realmente Mr Darcy, ¡"El Mr Darcy"! Y entonces ¿Qué hacía fuera del libro? ¿Cómo había llegado hasta su departamento?.. ¿Acaso el agujero y el humo del libro tenían algo que ver? ¿Y qué debía hacer ella? ¿Cómo podía ayudarlo a volver al libro? Tantas preguntas... Anonadada me senté junto a él y me abanique la cara con la mano.

(sólo una última parte, es decir continuará)





¿Mr Darcy, eres tú? (un cuento)

Y mientras se cocina en el horno una "Deliciosa Confusión", pasé por aquí con ganas de dejarles un cuentito donde el protagonista es ni más ni menos que Mr Darcy.... ¿Qué pasaría si por accidente aterrizara en este tiempo en la casa de Julieta?


¿Mr Darcy, eres tú?
(Primera parte, según Mr Darcy)
    Mr Darcy se pasea entre la multitud, no sabe por qué dejó que su amigo el señor Bingley lo arrastrara hasta esa fiesta llena de gente tan común y superficial. Las fiestas le daban dolor de cabeza, el parloteo incesante de las viejas que acudían a esas reuniones le daban mal de estomago y para colmo, había escuchado a la bella Elizabeth Bennet decir que él tenía "cara de haberse tragado un zapallo entero sin cortar" (atrevida y sin modales) ... No, mejor era tomarse  un poco de aire, o mataría a todos, incluido su jovial amigo... Debia reconocer que la joven  Miss Bennet era muy hermosa, aunque un poco simple y con conexiones nada recomendables, pero además, esa tendencia a hablar y reírse sin cuidado de los modales, le estaban exasperando. No le vendría mal que alguien - quizás él - la sentara en su regazo para darle unos azotes.
Buscando un poco de paz fue a la planta alta de la enorme mansión donde se celebraba la fiesta y abrió la primera puerta que encontró en su camino, en un estrecho pasillo. De pronto todo se oscureció... ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso la gran casa había explotado en mil pedazos?.. Algo atontado, buscó de nuevo el picaporte para salir de la habitación donde se había metido... Asomó la cabeza y le sorprendió la sensación de que la enorme mansión estaba vacía. Ya no escuchaba a la orquesta tocar. Pero un momento, además, la casa se veía muy distinta. ¿Qué le había ocurrido a las paredes? El hermoso tapiz de color marfil había sido cambiado por un amarillo oscuro bastante ofensivo. Un extraño cuadro lleno de manchas atrajo por unos instantes su vista, pero no resistió mirarlo más de lo necesario. ¿Quién podría gustar de algo así? Caminó unos pasos y en el lugar dónde se suponía estaba la escalera se tropezó con un estante repleto de libros, giró entonces sobre sus talones y caminó por el lugar hasta encontrar una puerta abierta de par en par. La voz de un hombre llamó su atención. Quizás él podría decirle dónde estaba todo el mundo.Su sorpresa fue en aumento a medida que cruzaba hacia la otra habitación, esperaba ver un montón de gente, en cambio se encontró con un salón medio vacío, en lugar de las sillas de respaldo alto, vio que el centro  estaba ocupado por un largo mueble lleno de cojines y frente ese un cuadro que casi lo horroriza. El no creía en fantasmas, pero el hombre que estaba pintado dentro del cuadro, vestido de la manera más rara posible, definitivamente se movía, de hecho se dio cuenta que la voz que había escuchado era la suya... ¿Que demonios estaba pasando?
- Disculpe, caballero, - le dijo al espíritu, ya que al parecer era el único ser "vivo" en ese extraño sitio y su única esperanza de ayuda - ¿Podría decirme donde está todo el mundo?
No había terminado de decir esa frase cuando tropezó con la mesa más enana que había visto en su vida y sus oídos fueron asaltados por un grito que casi le hace saltar dentro de su propia piel.
-¿Quien es usted? ¿Qué hace aquí?
Una joven con el cabello suelto y semidesnuda se levantó de pronto del mueble con almohadones. Lo apuntaba con lo que parecía un zapato. Cuando miró hacia dónde se encontraba el espíritu, se sorprendió de que ya no estuviera allí, en cambio, el cuadro que parecía de vidrio había quedado completamente gris y plano. Muy raro.
- Señorita, por favor déje de gritar y póngase algo de ropa ¿Puede decirme si ha visto al señor Bingley  en alguna parte?
- ¿Qué? - dijo ella, sus ojos azules estaban abiertos como platos
Tapándose los ojos, Darcy repitió su pregunta. Sentía que en cambio, ella lo miraba sin ningún disimulo y con la boca abierta de asombro.
- ¿Quien es usted? - balbuceó ella, aun lo apuntaba con ese extraño zapato rojo.
- Mi nombre es Fitzwilliam Darcy y estoy buscando a mi amigo el señor Charles Bingley con quien he venido a esta fiesta.
- Aquí no hay ninguna fiesta - dijo ella, con el ceño fruncido - ¿Acaso se perdió de una fiesta de disfraces? ¿Tomó demás, verdad?
La joven definitivamente no tenía modales ¿Preguntarle así sin más si había tomado demás? ¿Y es que no pensaba cubrirse? ¿Y qué era eso de la fiesta de disfraces? La chica no dejaba de mirarlo, dejó a un lado su arma de ocasión y se acercó a él estirando las manos. ¿Iba a tocarlo?
- Bonito disfraz, debió costarle muy caro, realmente se parece a Mr. Darcy.- sus finos dedos tocaron la tela de su levita
- ¿Qué hace? - él retrocedió - ¿Qué cosa dice señorita? Yo soy Mr Darcy.
Ella lanzó una sonora carcajada. Sus largas piernas desnudas lo distraían, tenía puesto unos pantalones de hombre demasiado cortos para ser propiamente pantalones, ¿o eran calzones? Y una larga tela rosada suelta que le cubría un poco más de las caderas donde se leía "Jesse's girl 3,2,1,0 baby"... Ignoraba por completo quien era ese caballero pero le parecía de mal gusto ir por la vida colgando un letrero del pecho de una dama...Si, lindos pechos... ¿Qué demonios le pasaba, no acostumbraba a tener tantos pensamientos impuros con solo mirar a una dama? Debía ser su extraña ropa o que estaba casi sin ropa, o que todo aquello lo estaba mareando, por no decir asustando.
- Si usted es Mr Darcy yo soy Madonna - dijo ella aun sin creerle - ¿Cómo entró a mi casa?
- Mucho gusto, señorita Madonna, ¿esta es tu casa? ¿Y dónde está la gente que estaba en la fiesta?
- Ya le dije que aquí no hay ninguna fiesta - dijo ella lo miraba como si fuera a devorarlo o como si no quisiera pasarse por alto ningún detalle - Y mi nombre es Julieta, no Madonna, Madonna es una cantante de pop.
- ¿Cantante de pop? - repitió él con el ceño fruncido, además de bonita y sin modales, la extraña mujer estaba hablando en un idioma que él desconocía.
- No importa. ¿Me puede decir cómo vino?
- Entré por esa puerta - dijo él señalando el lugar de donde había salido hacía unos minutos.
- ¿De mi dormitorio? - ella no dejaba de mirarlo y él se sentía cada vez más incomodo
El silencio los envolvió a los dos. La joven retrocedió hacia su habitación, sin sacar los ojos de él. Mr Darcy no sabía que hacer, se sentía como un tonto parado allí en el medio de la habitación, pensó seguirla hacia lo que ella llamaba dormitorio, pero era de muy mala educación que un hombre entrara sin invitación en los aposentos privados de una dama. Ella cerró la puerta detrás de si, ¿le había puesto la llave? Escuchó que hablaba con alguien casi a los gritos....¿Policía?
Pasaron los minutos y ella no volvía...

((continuará)))