jueves, 17 de diciembre de 2015

Un "Agatha Christie" con dedicatoria 2 (Relatos de la librera)

- ¡Que coincidencia! - dije sonriendo
Pero él no sonreía.
- No, no entiende - dijo, cada vez más pálido.
Empecé a temer que fuera a desmayarse. Parecía haber visto a un fantasma.
- Yo soy Víctor - repitió mostrándome una vez más la dedicatoria.
Tardé unos segundos pero entonces comprendí lo que estaba tratando de decir. ¡No lo podía creer! ¡El era el "Víctor" de Magdalena! El libro que tenía en las manos alguna vez había sido suyo, Magdalena se lo había regalado hacía aproximadamente cuarenta años atrás.
Le sugerí sentarnos y él aceptó. Le serví agua, que tomó con la desesperación de un naufrago. Después empezó a hablar, el libro de Agatha descansaba en su regazo y él cada tanto lo acariciaba y volvía a leer la dedicatoria.
- Hace mucho que este libro se perdió de mi vista, creí que alguno de mis hijos o mis nietos lo habían tomado de la biblioteca, ya lo había dado por perdido. Es uno de mis libros favoritos, por dos razones, Agatha Christie es una de mis escritoras preferidas y la otra es porque Magdalena me lo regaló. Supongo que mi esposa fue quien lo trajo..
- ¿Su esposa es Magdalena?
Él se rió, negando con un gesto de la cabeza.
- No, mi esposa se llama Silvia, es decir se llamaba, enviudé hace poco menos de dos meses.
- Lo siento - dije.
- Al decir verdad, es una bendición que haya muerto. No me mal entienda, lo digo porque sufrió mucho tiempo por culpa del cáncer así que finalmente descansó. - se quedó callado por unos minutos.
Yo quería saber más, quería preguntarle qué pasó con Magdalena, y él pareció darse cuenta de mi creciente curiosidad porque empezó a hablar de ella y del libro.
- Mi esposa estaba celosa de este libro, sabía lo que representaba para mí. Verá Magdalena fue mi primer amor. Algunos se enamoran por primera vez siendo aun muy niños, otros ya mayores, yo lo hice cuando tenía 20 años.
Tomó otro sorbo del agua que aun quedaba en el vaso y su mirada pareció perderse por unos segundos en el pasado.
- Recuerdo la primera vez que la vi con tanta nitidez y colorido, como si hubiera sido hoy. Fue pura casualidad, un accidente si se quiere. Yo había ido a comprar pan en la despensa del barrio y estaba tan apurado que no miré cuando salí a la vereda..¡Ella venía totalmente distraída, con la cabeza metida en un libro! Por cierto que es por culpa de ella que empecé a leerle a Agatha Christie.
Sonrió, haciendo una breve pausa y luego siguió. Yo lo escuchaba en silencio, muy interesada.
- Estuve a punto de gritarle por qué no mira por donde camina, pero yo también había sido descuidado y de reojo vi que un libro caía al suelo. Era uno grande, de tapa dura y letras doradas que decía simplemente  "Amor", cuando se lo entregué, nuestras miradas se cruzaron y creo que me quedé unos segundos sin aire. Tenía unos hermosos ojos verdes, como los de un gato y resaltaban aun más por sus cabellos pelirrojos y el moño rojo que llevaba en la cabeza. Ella me miró asombrada, como si hubiera aterrizado de otro planeta.
- Disculpe - me dijo y su pálida piel se cubrió de rubor - Estaba muy concentrada en mi libro.
Lo caballeroso hubiera sido que yo también pidiera disculpas, pero mi lengua se negaba a funcionar. Sólo podía mirarla como hipnotizado. Ella me dio las gracias cuando le entregué el libro y sonrió.
- ¡Magdalena! - dijo alguien a nuestras espaldas - Entra a la casa
Un hombre corpulento de grandes bigotes y panza abultada la esperaba con los brazos cruzados frente al portón de una casa ubicada a pocos metros del almacén, así que de esa manera supe cómo se llamaba y dónde vivía. Saludé al hombre con un gesto tímido y él me miró como si quisiera atravesar mi cuerpo con balas, así que alcé mi paquete con el pan y me marché algo atontado. Magdalena, pensaba, el nombre perfecto para una musa.
Un hombre hizo aparición entonces en la puerta del negocio, interrumpiendo la historia de Víctor y Magdalena. Era alto, delgado y bastante apuesto. Se veía apresurado. Le estaba por preguntar qué necesitaba cuando se dirigió a Víctor.
- Papá, te estuve buscando por toda la cuadra, me tenías preocupado. Ya estaba por llamar a la policía - entonces caí en cuenta del gran parecido que Víctor y él tenían, aunque el joven fuera más alto.
Supuse que Víctor fue muy parecido a su hijo en los días de su juventud.
- Disculpa Roberto, no quería preocuparte. Te dije que iba a entrar a esta librería mientras hablabas con el doctor en la clínica - dijo y supuse que se referían a la clínica oftalmológica que queda en la misma cuadra de mi negocio - Además, tengo 60 años, todavía no soy un anciano senil.
Roberto sonrió algo incómodo y miró su reloj
- Esta bien, pero debemos irnos, tengo una reunión dentro de media hora - actos seguido salió a la calle, despidiéndose de mi con un leve gesto de la cabeza
- Bueno - dijo  Víctor y se puso de pie, apoyando el libro de Agatha sobre mi escritorio - es hora de irme...
Yo tomé el libro y se lo entregué
- El libro es suyo - dije
Él hizo ademán de buscar la billetera en sus pantalones pero yo lo detuve.
- Sólo prometa que volverá para contarme cómo sigue la historia porque me ha dejado con ganas.
Iba a protestar pero yo no le dejé, entonces sonrió y aceptó el libro.
-Está bien, gracias... Disculpa, no sé como te llamas
- Julieta - respondí
- Julieta, muy apropiado para alguien que vende libros. - en la calle se escuchó una bocina - Ese es mi hijo que está apurado. Prometo volver para contarle más de Magdalena
- Lo esperaré

(continuará)

martes, 15 de diciembre de 2015

Un "Agatha Christie" con dedicatoria 1 (Relatos de la Librera, primera entrega)

Prometí intentar ser más constante con este blog, siguiendo quizás con el Diario de la Librera, pero la librera que hay en mi de pronto también se ha puesto a fantasear, imaginando historias que quiere compartir con ustedes, esta es la primera. El punto de partida es una dedicatoria que efectivamente encontré en una novela de Agatha Christie mientras me ocupo el  inventario del negocio. Se la escribe una tal Magdalena a un tal Víctor y está datada el 21 de enero de 1971. ¡Toda una vida! Sin dudas esto es algo que jamás encontrarías en un negocio donde sólo se venden libros nuevos...
Lo que sigue a continuación es un relato que toma como punto de partida esa dedicatoria. Espero les guste...

                Un Agatha Christie con dedicatoria...
Era un día cualquiera, hacía calor, el ventilador soplaba con ímpetu pero apenas lograba descongestionar el pesado calor que en pleno setiembre ya parecía de verano. Sentada frente a la computadora del negocio, cargaba libros de Agatha Christie algo desgastados que pensaba acumular en un estante todos juntos para que la gente pudiera apreciar nuestra completa colección de esa formidable escritora inglesa, la reina de las novelas del misterio, y así fue cómo encontré en uno de ellos, específicamente en el Misterio de Sans Souci, una breve pero sentida dedicatoria, decía así:
"A Víctor con todo cariño, cuando leas esto acordate de mi y ojalá algún día podamos volver a estar juntos. Te regalo este libro y te pido que no lo pierdas, ni regales. Tu amiga que te quiere mucho Magdalena" - 21/I/71. 
Sentí un poco de pena por Magdalena, cierto que habían pasado cuarenta años desde que le regalara ese libro a Víctor, pero al parecer él no le había hecho mucho caso en eso de no perder o regalar el libro. Recuerdo que incluso le quité foto y se lo mandé a mis amigas de mi club de lectura por whatsapp, y nos pusimos a hablar mal del desconsiderado y poco romántico Víctor. Es una pena que la foto se me haya borrado al cambiar de teléfono... Esto no hubiera sido más que una anécdota destinada a olvidarse sin más, pero no fue así.
Pasaron los días, la gente entraba y salía, otros libros iban agrandando el ya largo inventario. Mi mesa rebosaba de libros para anotar y ubicar cuando un señor de unos sesenta y pico de años entró al negocio. Vestía una camisa a rayas y unos pantalones de vestir claros de corte clásico. Sus escasos cabellos eran más blancos que grises y  las arrugas empezaban a aflorar al rededor de sus ojos grises. Era delgado y no muy alto, su rostro era agradable y propenso a la sonrisa.
- Buen día, señorita, - me saludó
- Buen día,- contesté, poniéndome de pie para atenderlo - ¿En qué puedo servirle? ¿Busca algún tipo de libro en particular?
- No, simplemente me gustaría mirar los estantes, si no es molestia.
- Por supuesto que no, adelante, esta es su casa.
El hizo un gesto afirmativo con la cabeza, sonriendo, y se puso a mirar los estantes de uno en uno. Yo seguí cargando el inventario con un ojo, mientras que usaba el otro para observarlo. No es que me guste desconfiar de la gente que entra a mirar los libros, pero nunca se sabe, a veces la Ladrona de Libros se disfraza de viejo agradable... En ese instante entró una mujer algo acelerada pidiendo una dirección.
- ¿Sábe dónde queda este negocio? - dijo, mostrándome un recorte de papel donde se leía con letras grandes el nombre de una boutique de ropas.
- No, lo siento - dije, no lo sabía.
Ella me miró con cara de pocos amigos y se fue. Había personas así... El hombre seguía en el fondo del negocio, recorriendo los estantes.
- ¿Hace mucho que están por aquí? - me preguntó.
- Si, más de diez años.
Le expliqué lo que siempre le cuento a quien quiere escuchar, que este negocio es de mi madre, ella lo había instalado y armado, pero ahora se encontraba enferma y ya no podría seguir, así que yo me estaba ocupando de él. Admirando nuestra gran variedad de títulos, me preguntó entonces si teníamos novelas de Agatha Christie, y yo, con un mal escondido orgullo, le mostré nuestra vasta colección.
El hombre pasó sus dedos con devoción por esos libros y fue leyendo cada título en un murmullo bajo. Era evidente que se había encontrado con su escritora favorita. Daba gusto verlo. Sacó de entre el montón uno de los libros y lo hojeó y algo raro pasó, lo ví temblar...
- ¿Cómo llegó este libro aquí? - dijo después de un silencio eterno que estuve a punto de interrumpir preguntando si se encontraba bien
- Compramos los libros que la gente trae... - estaba a `punto de lanzar la cantinela de siempre explicando nuestro sistema cuando él me interrumpió.
- Me refiero a este libro en particular. - dijo y me mostró el ejemplar de El misterio de Sans-Souci que días atrás había sido objeto de comentarios jocosos y especulativos entre mis amigas y yo por la dedicatoria que contenía.
- Lo siento, hace poco que estoy a cargo del negocio. Mi madre debió recibirlo junto con otros libros. Es lo que suele ocurrir.
El pasó un dedo distraído sobre la portada del libro, lo abrió y luego me mostró la consabida dedicatoria...
- Soy Víctor - dijo él....

(continuará)



lunes, 14 de diciembre de 2015

Diario de una librera (4) ¡Tanto tiempo!

"De nuevo estoy de vuelta, después de larga ausencia..." dice una tradicional canción argentina que crecí escuchando en mi casa, y sí, de nuevo estoy por aquí. Después de conversar con Cecilia, una amante de la lectura que llegó a mi negocio y saber que ella había leído mi blog, sus palabras de aliento me inspiraron a darme una vuelta por aquí, a ver si es posible reanimar un comatoso, es decir un blog desatendido desde abril, ¡desde abril!
Y es justamente llevar adelante el negocio lo que me tiene alejada de la tarea de escribir. Estoy cargando el inventario, atendiendo a la gente, participando en ferias, dando a conocer el negocio en las redes sociales y también, entre eso, viviendo, leyendo, con la mente en miles de cosas, sin poder concentrarme en una historia para escribir, aunque más no sea el relato de mi día a día como librera. Y hay ciertamente tanto que contar, anécdotas que le dan color a estas horas de atención al público. Experiencias que van moldeando los días.
Así por ejemplo conocí a Cecilia, ella ya había venido otras veces o había seguido las actualizaciones de la página del negocio en facebook, o, gran sorpresa, también había leído este blog y le había gustado, por suerte. Leemos casi los mismos libros, lo cual nos da para hablar por horas.
Da gusto conversar con quien comparte esta misma pasión que es la lectura. He conocido a personas que no quieren leer novelas sino sólo obras que retraten fielmente la realidad del mundo en que vivimos, y otros sin embargo gustan de las novelas. Hay quienes prefieren las obras clásicas o buscan algún autor específico, y otros piden que les recomiendes algo para leer. Están las personas que adoran los libros usados y valoran la historia que pueda acarrear el propio libro más allá de su contenido, y también, duele decirlo, está el que entra a tu tienda preguntándote si vendes libros usados con una cara de casi asco como si preguntaran si vendes basura... Perdónalos Dios porque no saben lo que hacen....
Me encanta recomendar libros y después saber que a esa persona le gustó el libro que le sugerí, aunque claro, no siempre doy en el clavo... En materia de gustos no hay nada escrito.
Y así, como ven, no hay tiempo para el aburrimiento en este lugar que para mí es un oasis... Espero volver a escribirles pronto y también quisiera leer sus comentarios, nos vemos, o mejor dicho, nos leemos.
- La librera 

miércoles, 29 de abril de 2015

Diario de una librera (3) A veces la soledad puede ser buena, a veces abruma

Vuelvo a escribir después de mucho tiempo, no por falta de ganas sino porque me he enfocado en otras cosas últimamente, y como siempre, así, mis blogs se ven un tanto abandonados, este en particular. Pero siguiendo con mi relato de las vivencias de mi día a día en este nuevo rol de librera, hoy me quiero enfocar en un sentimiento muchas veces percibido como negativo. Hablo de la soledad.
Encargarme sola del negocio me ha llevado a pasar muchas horas conmigo misma, sin otra compañía. No es algo que siempre sea malo, algunas veces me sirve para leer, o para ocuparme de otras cosas creativas, en fin, si estuviera escribiendo en inglés diría que siempre he sido a kind of a loner, o sea una persona un tanto solitaria, alguien para quien el silencio no es molestoso y  la música tampoco. Cuando uno tiene muchas cosas en que pensar, tanto el silencio absoluto como una buena música pueden ser refrescantes.
En otras ocasiones, sin embargo, la soledad parece un monstruo trepidante que amenaza con quitarte toda esperanza. Me ha ocurrido. Particularmente cuando las responsabilidades de este lugar repleto de libro me abrumaban. Pero fueron tormentas que fui superando, gracias a Dios, y sí, también gracias a la ayuda de quienes, incluso desde la distancia me rodean. Hoy les doy las gracias a esas personas por ayudarme a no rendirme cuando me desesperaba porque no había ventas o porque todo de pronto parecía negro y sin futuro. ¡Gracias!  Es casi seguro que en el futuro enfrentaré otras tormentas, de eso se trata la vida, pero, creo yo, también me siento más fuerte.
Por lo pronto, me despido, quizás en próximas entradas les vaya contando anécdotas más interesantes que esta reflexión apresurada y solitaria, espero contarles de las cosas que hacen que este lugar tenga vida, anécdotas que sólo se puede vivir entre  los libros.
- La librera 

martes, 7 de abril de 2015

Diario de una librera (2) Salto al vacío

Cuando papá me preguntó qué haríamos con la tienda de libros que ya llevaba, en ese tiempo, un mes, cerrada, sin pensarlo mucho le contesté que yo me haría cargo, dejaría mi trabajo. Estaba familiarizada con su funcionamiento y especialmente, no quería que se perdiera el esfuerzo que mi madre había hecho para llevarlo adelante. ¡Podía hacerlo!
En ese momento, mi mamá estaba internada, y yo tuve cierto temor en darle la noticia de mi decisión, no quería que se sintiera mal, que pensara que buscaba arrebatar lo que era suyo o algo por el estilo, por suerte, cuando le dije, lo tomó bien y se mostró conforme.
Por supuesto, el primer paso fue dejar mi trabajo. Eso fue un choque de sentimientos, porque me sentía bien en mi trabajo donde había permanecido cinco años. Extrañaría a las personas, especialmente a los chicos para los que había trabajado, pero, por otro lado, ya había cumplido mi ciclo y me esperaba un compromiso que no podía desatender.
Muchas voces se levantaron para advertirme que nada sería lo mismo. Ya no tendría un sueldo, una entrada fija... Pero por otro lado, también me decían, tenes que hacerlo... Hubo pocos, lo harás bien, pero eso no importa ahora, lo que importa es que sí hubo.
Por momentos, la duda se apoderaba de mí. ¿Estaré en lo correcto al dejar mi trabajo? ¿Podré llevar adelante el negocio? ¿Estoy capacitada? No soy empresaria, ni sé de Marketing, soy abogada, pero amo los libros, soy una lectora empedernida, y muchas veces ayudé a mi madre a atender a los clientes o a ordenar los libros, así que no se trataba de un territorio completamente desconocido, se podría decir que tocaba de oído... Pero igual, muchas veces se sentía como un salto al vacío... sin red... o con una red muy pequeñita. 
Me viene a la mente una música de Josh Groban que siempre me ha servido de inspiración. se llama Let me fall, déjame caer, y tiene mucho de lo que en ese momento de cambio drástico pasé, es tomar las riendas del cambio, arriesgarse, déjame saltar.... aunque me rompa el cuello en el intento...
Y aquí estoy..... - La librera


lunes, 6 de abril de 2015

Diario de una librera (1) Por qué me hice librera

Supongo que cuesta más escribir cuando se trata de uno mismo y cuando la experiencia es tan cercana y tan actual. Y cuesta aun más, cuando las musas parecen brillar por su ausencia.
Ya intenté comenzar una especie de diario contándoles de mi situación actual, y quedó así, olvidado, sin nada, sin seguir y bastante tedioso. En fin, hoy quisiera intentarlo otra vez, ustedes serán mis jueces si esto es aburrido o no.
Como las personas más cercanas a mis afectos saben, me vi obligada a dejar mi trabajo anterior como abogada en un hogar de niños para tomar la posta del negocio, que por cuestiones de salud, mi madre ya no puede llevar adelante. Sólo Dios sabe si esta situación es temporal o no,  y siempre queda la esperanza de que el día de mañana, mi mamá, que es una guerrera y lo ha demostrado mil veces, vuelva a su lugar, al mando de la tienda de libros usados que lleva su nombre.
Llenar sus zapatos es una tarea que aun me cuesta y desafía. Aun así, el esfuerzo vale la pena.
Se podría afirmar entonces que me convertí en librera, por la fuerza de las circunstancias. Porque tenía que hacerlo, ya que no quería que se perdiera tantos años de esfuerzo, tantos sacrificios que mi madre hizo para formar esta librería de libros usados. Con su enfermedad, acompañándola en sus internaciones, aunque no me quedara a dormir a su lado, y aun ejerciendo mi anterior trabajo, el negocio, que nadie atendía permaneció cerrado por dos meses. La gente, según sé, pasaba y preguntaba si volveríamos  a abrir. ¿Qué pasaba? Y así, una vez que dejé mi viejo empleo, me dediqué poner todo en orden para volver a abrir.
No fue una tarea sencilla. El local estaba patas para arriba, pues se pretendía reacondicionarlo para que su dueña lo usara en su nueva situación, con más comodidades. Pero ella, postrada de momento en cama, no pudo volver, y los estantes que se movieron de lugar y los libros que poblaban cada espacio, todo tenía que reorganizarse.
No estuve sola, conté con la valiosa ayuda de mis sobrinos y sobrinas, sin los cuales, a lo mejor aun estaría intentando ordenar el caos.
Y cuando finalmente todo estuvo listo para volver abrir, fueron surgiendo otros desafíos. El cansancio, la ocasional sensación de que ningún esfuerzo es suficiente, formaron parte de esos primeros días... Y ya les iré contando, si me dejan, las pequeñas vivencias de mi día a día, intentando llenar esos zapatos que a veces me quedan exageradamente grandes.
No voy a negar que me gusta lo que estoy haciendo, estoy, en cierta forma feliz de hacerlo, sólo espero hacerlo bien, y que eso se traduzca en el crecimiento de este lugar con tanto potencial. ¡Que Dios me guíe!
... No sé si firmar como Julieta, aunque este sigue siendo su blog, o firmar con mi nombre, ya que es una experiencia personal la que les cuento aquí, bueno, quizás solo firme como La librera y ya...
- La librera