lunes, 6 de abril de 2015

Diario de una librera (1) Por qué me hice librera

Supongo que cuesta más escribir cuando se trata de uno mismo y cuando la experiencia es tan cercana y tan actual. Y cuesta aun más, cuando las musas parecen brillar por su ausencia.
Ya intenté comenzar una especie de diario contándoles de mi situación actual, y quedó así, olvidado, sin nada, sin seguir y bastante tedioso. En fin, hoy quisiera intentarlo otra vez, ustedes serán mis jueces si esto es aburrido o no.
Como las personas más cercanas a mis afectos saben, me vi obligada a dejar mi trabajo anterior como abogada en un hogar de niños para tomar la posta del negocio, que por cuestiones de salud, mi madre ya no puede llevar adelante. Sólo Dios sabe si esta situación es temporal o no,  y siempre queda la esperanza de que el día de mañana, mi mamá, que es una guerrera y lo ha demostrado mil veces, vuelva a su lugar, al mando de la tienda de libros usados que lleva su nombre.
Llenar sus zapatos es una tarea que aun me cuesta y desafía. Aun así, el esfuerzo vale la pena.
Se podría afirmar entonces que me convertí en librera, por la fuerza de las circunstancias. Porque tenía que hacerlo, ya que no quería que se perdiera tantos años de esfuerzo, tantos sacrificios que mi madre hizo para formar esta librería de libros usados. Con su enfermedad, acompañándola en sus internaciones, aunque no me quedara a dormir a su lado, y aun ejerciendo mi anterior trabajo, el negocio, que nadie atendía permaneció cerrado por dos meses. La gente, según sé, pasaba y preguntaba si volveríamos  a abrir. ¿Qué pasaba? Y así, una vez que dejé mi viejo empleo, me dediqué poner todo en orden para volver a abrir.
No fue una tarea sencilla. El local estaba patas para arriba, pues se pretendía reacondicionarlo para que su dueña lo usara en su nueva situación, con más comodidades. Pero ella, postrada de momento en cama, no pudo volver, y los estantes que se movieron de lugar y los libros que poblaban cada espacio, todo tenía que reorganizarse.
No estuve sola, conté con la valiosa ayuda de mis sobrinos y sobrinas, sin los cuales, a lo mejor aun estaría intentando ordenar el caos.
Y cuando finalmente todo estuvo listo para volver abrir, fueron surgiendo otros desafíos. El cansancio, la ocasional sensación de que ningún esfuerzo es suficiente, formaron parte de esos primeros días... Y ya les iré contando, si me dejan, las pequeñas vivencias de mi día a día, intentando llenar esos zapatos que a veces me quedan exageradamente grandes.
No voy a negar que me gusta lo que estoy haciendo, estoy, en cierta forma feliz de hacerlo, sólo espero hacerlo bien, y que eso se traduzca en el crecimiento de este lugar con tanto potencial. ¡Que Dios me guíe!
... No sé si firmar como Julieta, aunque este sigue siendo su blog, o firmar con mi nombre, ya que es una experiencia personal la que les cuento aquí, bueno, quizás solo firme como La librera y ya...
- La librera 

2 comentarios:

  1. Al fin conocí a julieta jajajja.. Así aveces la vida nos pone obstáculos, y el tuyo fue tener que decidír por seguir tu sueño de abogada o el sueño de tu mami..
    Creo que decidiste lo que te dicto el corazón!! Y esos zapatos que dices que te quedan grande para mi que te quedan a la perfección!! Desde ya te digo un gusto platicar contigo. Y vaya envidia me da el lugar donde estas.. Saludos Ceci.

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  2. Hola Ceci, para mi también fue un gusto conocerte y espero que entre nosotras crezca una amistad que parece que ya empezó. Gracias por tus palabras, me dan un enorme aliento, me hacen sentir que lo que hago está teniendo resultados.. Espero que me visites cuando puedas, hay tantos libros de los cuales hablar ;)

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