martes, 15 de diciembre de 2015

Un "Agatha Christie" con dedicatoria 1 (Relatos de la Librera, primera entrega)

Prometí intentar ser más constante con este blog, siguiendo quizás con el Diario de la Librera, pero la librera que hay en mi de pronto también se ha puesto a fantasear, imaginando historias que quiere compartir con ustedes, esta es la primera. El punto de partida es una dedicatoria que efectivamente encontré en una novela de Agatha Christie mientras me ocupo el  inventario del negocio. Se la escribe una tal Magdalena a un tal Víctor y está datada el 21 de enero de 1971. ¡Toda una vida! Sin dudas esto es algo que jamás encontrarías en un negocio donde sólo se venden libros nuevos...
Lo que sigue a continuación es un relato que toma como punto de partida esa dedicatoria. Espero les guste...

                Un Agatha Christie con dedicatoria...
Era un día cualquiera, hacía calor, el ventilador soplaba con ímpetu pero apenas lograba descongestionar el pesado calor que en pleno setiembre ya parecía de verano. Sentada frente a la computadora del negocio, cargaba libros de Agatha Christie algo desgastados que pensaba acumular en un estante todos juntos para que la gente pudiera apreciar nuestra completa colección de esa formidable escritora inglesa, la reina de las novelas del misterio, y así fue cómo encontré en uno de ellos, específicamente en el Misterio de Sans Souci, una breve pero sentida dedicatoria, decía así:
"A Víctor con todo cariño, cuando leas esto acordate de mi y ojalá algún día podamos volver a estar juntos. Te regalo este libro y te pido que no lo pierdas, ni regales. Tu amiga que te quiere mucho Magdalena" - 21/I/71. 
Sentí un poco de pena por Magdalena, cierto que habían pasado cuarenta años desde que le regalara ese libro a Víctor, pero al parecer él no le había hecho mucho caso en eso de no perder o regalar el libro. Recuerdo que incluso le quité foto y se lo mandé a mis amigas de mi club de lectura por whatsapp, y nos pusimos a hablar mal del desconsiderado y poco romántico Víctor. Es una pena que la foto se me haya borrado al cambiar de teléfono... Esto no hubiera sido más que una anécdota destinada a olvidarse sin más, pero no fue así.
Pasaron los días, la gente entraba y salía, otros libros iban agrandando el ya largo inventario. Mi mesa rebosaba de libros para anotar y ubicar cuando un señor de unos sesenta y pico de años entró al negocio. Vestía una camisa a rayas y unos pantalones de vestir claros de corte clásico. Sus escasos cabellos eran más blancos que grises y  las arrugas empezaban a aflorar al rededor de sus ojos grises. Era delgado y no muy alto, su rostro era agradable y propenso a la sonrisa.
- Buen día, señorita, - me saludó
- Buen día,- contesté, poniéndome de pie para atenderlo - ¿En qué puedo servirle? ¿Busca algún tipo de libro en particular?
- No, simplemente me gustaría mirar los estantes, si no es molestia.
- Por supuesto que no, adelante, esta es su casa.
El hizo un gesto afirmativo con la cabeza, sonriendo, y se puso a mirar los estantes de uno en uno. Yo seguí cargando el inventario con un ojo, mientras que usaba el otro para observarlo. No es que me guste desconfiar de la gente que entra a mirar los libros, pero nunca se sabe, a veces la Ladrona de Libros se disfraza de viejo agradable... En ese instante entró una mujer algo acelerada pidiendo una dirección.
- ¿Sábe dónde queda este negocio? - dijo, mostrándome un recorte de papel donde se leía con letras grandes el nombre de una boutique de ropas.
- No, lo siento - dije, no lo sabía.
Ella me miró con cara de pocos amigos y se fue. Había personas así... El hombre seguía en el fondo del negocio, recorriendo los estantes.
- ¿Hace mucho que están por aquí? - me preguntó.
- Si, más de diez años.
Le expliqué lo que siempre le cuento a quien quiere escuchar, que este negocio es de mi madre, ella lo había instalado y armado, pero ahora se encontraba enferma y ya no podría seguir, así que yo me estaba ocupando de él. Admirando nuestra gran variedad de títulos, me preguntó entonces si teníamos novelas de Agatha Christie, y yo, con un mal escondido orgullo, le mostré nuestra vasta colección.
El hombre pasó sus dedos con devoción por esos libros y fue leyendo cada título en un murmullo bajo. Era evidente que se había encontrado con su escritora favorita. Daba gusto verlo. Sacó de entre el montón uno de los libros y lo hojeó y algo raro pasó, lo ví temblar...
- ¿Cómo llegó este libro aquí? - dijo después de un silencio eterno que estuve a punto de interrumpir preguntando si se encontraba bien
- Compramos los libros que la gente trae... - estaba a `punto de lanzar la cantinela de siempre explicando nuestro sistema cuando él me interrumpió.
- Me refiero a este libro en particular. - dijo y me mostró el ejemplar de El misterio de Sans-Souci que días atrás había sido objeto de comentarios jocosos y especulativos entre mis amigas y yo por la dedicatoria que contenía.
- Lo siento, hace poco que estoy a cargo del negocio. Mi madre debió recibirlo junto con otros libros. Es lo que suele ocurrir.
El pasó un dedo distraído sobre la portada del libro, lo abrió y luego me mostró la consabida dedicatoria...
- Soy Víctor - dijo él....

(continuará)



2 comentarios:

  1. Omg!!!! Que emoción!!! Es como un cuento de libro!! Omg!!... Sin duda iré a visitarte y me lo cuentas todo!! Jajajjaja... No podre esperar a que subas la próxima parte....

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    1. jajaja, vas a tener que esperar, ni yo sé aun como sigue, tengo que preguntarle a Víctor jajaja

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