miércoles, 29 de abril de 2015

Diario de una librera (3) A veces la soledad puede ser buena, a veces abruma

Vuelvo a escribir después de mucho tiempo, no por falta de ganas sino porque me he enfocado en otras cosas últimamente, y como siempre, así, mis blogs se ven un tanto abandonados, este en particular. Pero siguiendo con mi relato de las vivencias de mi día a día en este nuevo rol de librera, hoy me quiero enfocar en un sentimiento muchas veces percibido como negativo. Hablo de la soledad.
Encargarme sola del negocio me ha llevado a pasar muchas horas conmigo misma, sin otra compañía. No es algo que siempre sea malo, algunas veces me sirve para leer, o para ocuparme de otras cosas creativas, en fin, si estuviera escribiendo en inglés diría que siempre he sido a kind of a loner, o sea una persona un tanto solitaria, alguien para quien el silencio no es molestoso y  la música tampoco. Cuando uno tiene muchas cosas en que pensar, tanto el silencio absoluto como una buena música pueden ser refrescantes.
En otras ocasiones, sin embargo, la soledad parece un monstruo trepidante que amenaza con quitarte toda esperanza. Me ha ocurrido. Particularmente cuando las responsabilidades de este lugar repleto de libro me abrumaban. Pero fueron tormentas que fui superando, gracias a Dios, y sí, también gracias a la ayuda de quienes, incluso desde la distancia me rodean. Hoy les doy las gracias a esas personas por ayudarme a no rendirme cuando me desesperaba porque no había ventas o porque todo de pronto parecía negro y sin futuro. ¡Gracias!  Es casi seguro que en el futuro enfrentaré otras tormentas, de eso se trata la vida, pero, creo yo, también me siento más fuerte.
Por lo pronto, me despido, quizás en próximas entradas les vaya contando anécdotas más interesantes que esta reflexión apresurada y solitaria, espero contarles de las cosas que hacen que este lugar tenga vida, anécdotas que sólo se puede vivir entre  los libros.
- La librera 

martes, 7 de abril de 2015

Diario de una librera (2) Salto al vacío

Cuando papá me preguntó qué haríamos con la tienda de libros que ya llevaba, en ese tiempo, un mes, cerrada, sin pensarlo mucho le contesté que yo me haría cargo, dejaría mi trabajo. Estaba familiarizada con su funcionamiento y especialmente, no quería que se perdiera el esfuerzo que mi madre había hecho para llevarlo adelante. ¡Podía hacerlo!
En ese momento, mi mamá estaba internada, y yo tuve cierto temor en darle la noticia de mi decisión, no quería que se sintiera mal, que pensara que buscaba arrebatar lo que era suyo o algo por el estilo, por suerte, cuando le dije, lo tomó bien y se mostró conforme.
Por supuesto, el primer paso fue dejar mi trabajo. Eso fue un choque de sentimientos, porque me sentía bien en mi trabajo donde había permanecido cinco años. Extrañaría a las personas, especialmente a los chicos para los que había trabajado, pero, por otro lado, ya había cumplido mi ciclo y me esperaba un compromiso que no podía desatender.
Muchas voces se levantaron para advertirme que nada sería lo mismo. Ya no tendría un sueldo, una entrada fija... Pero por otro lado, también me decían, tenes que hacerlo... Hubo pocos, lo harás bien, pero eso no importa ahora, lo que importa es que sí hubo.
Por momentos, la duda se apoderaba de mí. ¿Estaré en lo correcto al dejar mi trabajo? ¿Podré llevar adelante el negocio? ¿Estoy capacitada? No soy empresaria, ni sé de Marketing, soy abogada, pero amo los libros, soy una lectora empedernida, y muchas veces ayudé a mi madre a atender a los clientes o a ordenar los libros, así que no se trataba de un territorio completamente desconocido, se podría decir que tocaba de oído... Pero igual, muchas veces se sentía como un salto al vacío... sin red... o con una red muy pequeñita. 
Me viene a la mente una música de Josh Groban que siempre me ha servido de inspiración. se llama Let me fall, déjame caer, y tiene mucho de lo que en ese momento de cambio drástico pasé, es tomar las riendas del cambio, arriesgarse, déjame saltar.... aunque me rompa el cuello en el intento...
Y aquí estoy..... - La librera


lunes, 6 de abril de 2015

Diario de una librera (1) Por qué me hice librera

Supongo que cuesta más escribir cuando se trata de uno mismo y cuando la experiencia es tan cercana y tan actual. Y cuesta aun más, cuando las musas parecen brillar por su ausencia.
Ya intenté comenzar una especie de diario contándoles de mi situación actual, y quedó así, olvidado, sin nada, sin seguir y bastante tedioso. En fin, hoy quisiera intentarlo otra vez, ustedes serán mis jueces si esto es aburrido o no.
Como las personas más cercanas a mis afectos saben, me vi obligada a dejar mi trabajo anterior como abogada en un hogar de niños para tomar la posta del negocio, que por cuestiones de salud, mi madre ya no puede llevar adelante. Sólo Dios sabe si esta situación es temporal o no,  y siempre queda la esperanza de que el día de mañana, mi mamá, que es una guerrera y lo ha demostrado mil veces, vuelva a su lugar, al mando de la tienda de libros usados que lleva su nombre.
Llenar sus zapatos es una tarea que aun me cuesta y desafía. Aun así, el esfuerzo vale la pena.
Se podría afirmar entonces que me convertí en librera, por la fuerza de las circunstancias. Porque tenía que hacerlo, ya que no quería que se perdiera tantos años de esfuerzo, tantos sacrificios que mi madre hizo para formar esta librería de libros usados. Con su enfermedad, acompañándola en sus internaciones, aunque no me quedara a dormir a su lado, y aun ejerciendo mi anterior trabajo, el negocio, que nadie atendía permaneció cerrado por dos meses. La gente, según sé, pasaba y preguntaba si volveríamos  a abrir. ¿Qué pasaba? Y así, una vez que dejé mi viejo empleo, me dediqué poner todo en orden para volver a abrir.
No fue una tarea sencilla. El local estaba patas para arriba, pues se pretendía reacondicionarlo para que su dueña lo usara en su nueva situación, con más comodidades. Pero ella, postrada de momento en cama, no pudo volver, y los estantes que se movieron de lugar y los libros que poblaban cada espacio, todo tenía que reorganizarse.
No estuve sola, conté con la valiosa ayuda de mis sobrinos y sobrinas, sin los cuales, a lo mejor aun estaría intentando ordenar el caos.
Y cuando finalmente todo estuvo listo para volver abrir, fueron surgiendo otros desafíos. El cansancio, la ocasional sensación de que ningún esfuerzo es suficiente, formaron parte de esos primeros días... Y ya les iré contando, si me dejan, las pequeñas vivencias de mi día a día, intentando llenar esos zapatos que a veces me quedan exageradamente grandes.
No voy a negar que me gusta lo que estoy haciendo, estoy, en cierta forma feliz de hacerlo, sólo espero hacerlo bien, y que eso se traduzca en el crecimiento de este lugar con tanto potencial. ¡Que Dios me guíe!
... No sé si firmar como Julieta, aunque este sigue siendo su blog, o firmar con mi nombre, ya que es una experiencia personal la que les cuento aquí, bueno, quizás solo firme como La librera y ya...
- La librera